Almaraz de Duero

Almaraz de Duero

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Almaraz de Duerro se encuentra en la Tierra del Pan, a 17 kilómetros al oeste de Zamora. Su nombre, de origen árabe, significa 'tierra labrada', lo que coincide con sus tradicionales cultivos de cereales. Asentamientos y restos arqueológicos muestran que el entorno estuvo poblado antes de la dominación romana, seguramente por los vacceos. En el asentamiento denominado 'El Castillo' han aparecido útiles y restos de cerámica prerromana y romana. Los romanos fueron los primeros en explotar las minas de estaño que había en estas tierras. En el siglo X, tras la conquista de Alfonso III, Almaraz de Duero pasó a formar parte del reino asturleonés. 

Paseando por el pueblo pueden verse aún algunas casas antiguas, que los labradores acomodados construían en piedra y tapial. En la plaza principal se ubica la Iglesia de la Transfiguración, edificada entre los siglos XV y XVI sobre una románica anterior. Poco queda de su primitivo interior ya que sufrió el derrumbe de su cúpula y se perdieron la mayoría de sus retablos y adornos. No obstante, queda el retablo mayor, presidido por una bella imagen de la virgen. Tiene también mucho interés una fuente románica de los siglos XII o XIII en la que bebía el ganado.

Se pueden hacer varias rutas por el pueblo para contemplar los viejos y típicos palomares o visitar el puente que llaman de los Infiernos o Joyalada, construido en el siglo XVIII. Otra opción es pasear por un sendero que lleva al paraje de Las Pilas, con cascadas de agua que corren entre alamedas, y ver los restos de los antiguos molinos de agua, conocidos por el nombre de aceñas. Para los amantes de la naturaleza un lugar de obligada visita es el enclave llamado los Infiernos de Almaraz, un bellísimo paraje del Duero donde anidan las más variadas aves. Pero sin duda lo más notable es el entorno que rodea a la Ermita de San Pelayo, del siglo XV, en el nacimiento de los Arribes del Duero, un lugar de culto milenario pues en el collado ya existió un santuario rupestre prerromano que conserva vestigios de una tumba y varias marcas en las rocas.

Resulta de mucho interés visitar las ruinas de las minas y el poblado junto al río, construido por los propios trabajadores en el siglo XIX, cuando la extracción del estaño era explotada por empresas alemanas e inglesas. El poblado se edificó junto a la mina porque así se evitaba que los mineros tuvieran que desplazase diariamente desde el pueblo hasta los yacimientos. Con el tiempo las minas dejaron de ser rentables y los empresarios las cerraron.