Berrueces

Cuna romana del paloteo

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Tierra de nobles y vasallos, la vallisoletana Berrueces fue hogar solariego del Almirante de Castilla, Alfonso Enríquez, en el siglo XIV. El almirante compró gran parte de las fincas de la localidad a los antiguos propietarios, la familia de Fernández de Cabria, por 14.000 maravedíes y se convirtió así en gran terrateniente del pueblo. Berrueces –cuyo nombre puede proceder del término “berrueco”: tierra de peñascos– presenta un recorrido para descubrir los blasones en piedra de sus casas, entre las calles Celedón, Matallana y de la Rosa.

Pero el mayor tesoro arquitectónico de la localidad es la iglesia de San Pedro Apóstol, construcción renacentista del siglo XVI, con un exquisito retablo en su interior que se atribuye al célebre escultor Pedro de Bolduque. Si seguimos paseando por el pueblo y llegamos a las afueras encontraremos una recogida ermita de piedra dedicada a la Virgen de Pedrosa, con extraordinarias vistas sobre los campos de cereales de Tierra de Campos. Las fiestas en honor a la Pedrosa se celebran el tercer fin de semana de septiembre, con encierros, romerías, y baile típico de Berrueces, el “paloteo”, donde ocho bailarines vestidos de blanco  chocan estacas al son de tamboriles y dulzainas.

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