Camariñas

Camariñas

Información turística: 981736000

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Tú, que estás sobre una península. Ninguna de tus parroquias -núcleos de población- deja de obsesionarme por su belleza: ni la exótica Camariñas, ni la artística Camelle, ni la comercial A Ponte do Porto, ni la verde Xaviña. Tú, que eres un regalo de la Madre Naturaleza por tus extraordinarios paisajes de abundante vegetación color de musgo, por tus escarpados acantilados donde se escucha el rugir de las olas azul grisáceo, por los mimosos entornos arenosos de tu ría homónima... Tú, que has sabido adaptarte al ser humano con sus casitas encaladas, rítmicas callejuelas y patios interiores de edificios con escaleras azul pastel. Tú que no descansas entre el ir y venir de tus bares y restaurantes o del “chunda-chunda” de tus discotecas y pubs. Quisiera disfrutar de tu ambiente marinero y escuchar faenar a los barcos pesqueros en torno a tu puerto de piedra envejecida sobre aguas de zafiro líquido. Acompañaré a tus humanos vecinos en su tradicional pesca o marisqueo. No me importa que el agua me llegue hasta la cintura si a cambio me dejas saborear los premios que nadan por tus aguas saladas del Atlántico y dulces del río Grande o de la ría de Camariñas: ese pulpo exquisito; esas merluzas, truchas o xoubas... o tus enormes peces planos que provienen de tus piscifactorías. También contemplaría el atardecer en cualquiera de tus playas de dos caras. Me arriesgaría surfeando en la abrupta Costa da Morte y su Ruta de los Naufragios hasta que me divisara la luz del faro Vilán; pero también me dejaría acariciar por la suavidad de tus playas de Arou, o de Trece. ¡Si superas cuánto celo a las palilleiras o a su Mostra de Encaixe! Temo que pueda enamorarte su marca de encaje de bolillos -encaje de Camariñas-, reconocida mundialmente, o que pierdas la cabeza entre las sábanas, paños y manterías del museo do Encaixe. En fin, tendré que retirarme a tu rústica ermita de la Virgen del Monte para contemplar en la distancia la furia de la costa atlántica reflejada en las curiosas formas de rocas como las Piedras santas o la tumba de Orcabella.  

Para acceder en coche o en autocaravana hay que tener en cuenta que Camariñas tiene zonas sin asfaltar para no dañar su extraordinario paisaje. Eso sí, existe la recompensa de una zona en la localidad acondicionada para estos vehículos, especialmente los segundos.

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