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Gavilanes

Un apasionante entorno natural

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Localidad de unos 600 habitantes junto a la carretera AV-P-705 y cerca de la CL501. Dista de Ávila 98,4 km.

No se sabe si Gavilanes es más de cima, de bosque o de río. Así que diremos que su término, en el valle del Tiétar y al sur del macizo oriental de Gredos, es de los tres. En esta vertiente sur el clima explica la diversidad botánica, incluida la de cultivos. Aquí se ha plantado pimiento, tabaco, algodón, frutales, cereal, legumbres… aunque hoy el cultivo dominante, como en otros pueblos alrededor, es el espárrago.

Tiene cómo regarse. Además de los clásicos berrocales, los pastos cercados, los bosques de loma, el término está cortado por múltiples cauces rodeados de una feraz vegetación de ribera. Y sotos que aportan un contrapunto de colores cálidos en otoño. La garganta de las Torres, que nace en el puerto de Mijares, la de los Chorrerones, que es la más accidentada, la del Helechar, cerca de Pedro Bernardo…  Gargantillas de nombres pintorescos o descriptivos como la Hoya, la Cierva, Jarillas o Chorreras Varvás, así, con uves. La riqueza hídrica, aunque ya no es lo que fue, se traduce en las cinco fuentes publicas de Gavilanes, con sus ortodoxos pilones, y otras dos en las afueras.

El agua también es la fuerza motriz de una de las principales rutas: seis molinos junto a los cauces en diferentes grados de conservación. Ese paseo cultural se puede completar con la visita al despoblado medieval de las Torres. No son los restos más antiguos ni mucho menos. El término guarda varios yacimientos y castros (de la edad del Hierro los más viejos), incluidos vestigios de una explotación minera, amén de rastros romanos posteriores.

Las rutas de los cauces de montaña pueden prolongarse hacia las cimas. El Cabezo es la emblemática, ronda los 2.200 metros, aunque quedan más cerca del pueblo dos grandes riscos que además de imponer, riman: la Guirnaldera y la Curandera.

Gavilanes conserva muestras de arquitectura tradicional, algunas en sillarejo visto, otras encaladas. A veces con balcones y balconadas corridas para orearse. El ayuntamiento se sale de la norma con la gran torre del reloj mitad rocosa mitad pintada. Hace juego, por altura y porte, con la de la iglesia de Santa Ana, que al reformarse en el siglo XX se permitió un zócalo de ladrillo en la parte alta de la nave.

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