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Linyola

Museos agrícolas

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La mejor forma de llegar a Linyola es dejandose llevar por el instinto a través de la red de carreteras secundarias y caminos agrícolas. Una telaraña que, sin rutas establecidas, enlaza la población con sus ciudades vecinas: Bellcaire d'Urgell, el Poal, Vilasana o el Palau d'Anglesola. Solo así se percibe la magnitud de este infinito tapiz de alfalfa, trigo y maíz que es la llanura del Pla d'Urgell.

El casco antiguo se levantó en una modesta colina, en torno a un castillo ya desaparecido y sustituido por la iglesia de Santa María. Las calles adyacentes configuran un coqueto enjambre de vías estrechas, plazas con soportales y antiguas residencias señoriales de los siglos XVI, XVII y XVIII como el palacio renacentista de la plaza de la iglesia.

La vinculación de la población con la tierra ha dado su fruto en diversos museos como el Museu del Pagès  d'Antoni Mas, el de Cal Valent o la colección de Vinos de Josep Puigpinós.

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