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Morales de Rey

Huella del neolítico zamorano

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De costumbres ancestrales, este encantador rincón de Castilla y León esconde entre sus tierras tesoros del neolítico. Inmersos en las fiestas del Bendito Cristo de la Vera Cruz, compartimos la devoción y el fervor de sus habitantes por este santo, mientras degustamos la gastronomía de la zona, traída por los cazadores desde la Sierra de Carpurias, mientras suenan las charangas, los vecinos bailan y la imagen del Cristo de la Vera Cruz procesiona por las calles. Ya repuestos, nos disponemos a visitar a este santo, que nos han dicho hace milagros. Una vez en la ermita que guarda su imagen, lo vemos plantado sobre una colorida mesa y le pedimos que nos enseñe los secretos que esconde su tierra. Pues dicho y hecho. Como si el Cristo de la Vera Cruz nos hubiera escuchado, nos vamos a recorrer los terrenos del valle del río Eria y allí, una megalómana construcción llama nuestra atención. Es el dolmen de El Tesoro, un sepulcro colectivo del año 3.000 a.C. que usaban las civilizaciones neolíticas durante su estancia en estas tierras. De la tumba original solo podemos apreciar la entrada y la cámara mortuoria, pero justo al lado vemos una réplica exacta del dolmen, a la que no le falta ni el más mínimo detalle. Atravesamos la entrada y llegamos hasta el lugar donde los prehistóricos zamoranos enterraban a sus muertos, siempre rodeados de sus más queridos objetos para que les acompañaran a la otra vida. Una vez descubierto este curioso lugar, volvemos hacia  Morales de Rey para hacer una visita al patrón del pueblo, San Pelayo, y así, terminar de comprobar cómo han evolucionado las creencias religiosas de la localidad.