Olmedo

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Casi 400 años después de que Lope de Vega inmortalizara su personaje, conviene hacer un homenaje a Don Alonso, el noble caballero de Olmedo, y regresar a su villa para emprender un paseo nostálgico. Ya lo dice el viejo refrán popular: "Quien señor de Castilla quiera ser, a Olmedo de su parte ha de tener". El recinto amurallado nos saludará al inicio y las casas nobles de la Plaza Mayor, rodeada de soportales, nos recordarán que esta sigue siendo un punto de encuentro para vecinos y visitantes.

La cárcel de la villa, con los calabozos situados en torno a un patio central, sigue en pie. La calle de la Cruz alberga el Monasterio de la Concepción y, al fondo, la Iglesia gótica de Santa María del Castillo. Cuando salgamos de ella nos daremos de bruces con el Ayuntamiento, que se asienta sobre el antiguo Convento de Nuestra Señora de la Merced. Por la vieja calle de la Corredera, hoy rebautizada como Marcos Salgueiro, llegaremos hasta el Arco del Corregidor para desembocar en la Plaza de San Andrés, presidida por un viejo olmo al que debe su nombre el municipio. Nuestro tributo al personaje de Lope de Vega nos conducirá a la Plaza de San Julián, en la que figura una escultura en piedra del propio Caballero de Olmedo. El monumento es la antesala al Palacio del Caballero, donde podremos conocer su historia de amor sin final feliz con Doña Inés. Cada año, los días 6 y 7 de agosto los vecinos de Olmedo recrean la inmortal obra de Lope de Vega.

Antes de que la obra de Lope de Vega "El Caballero de Olmedo" eclipsase cualquier otra mención, la villa era conocida popularmente por los 'siete sietes'. Tuvo siete iglesias, siete conventos, siete plazas, siete fuentes, siete arcos, siete pueblos dentro de su término término municipal y perteneció a siete casas de conocido realengo.

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