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Puebla de Lillo

Bosques milenarios para descubrir la mágica berrea

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Las 200 hectáreas de pinos silvestres del valle que lleva al puerto de las Señales son una de las joyas naturales que pueblan el norte de León desde hace 4.000 años. Mucho antes de que las tribus de astures edificaran sus primeros castros o de que los soldados de Augusto quisieran dominar las rutas de la extracción y distribución de minerales y metales preciosos (oro, estaño, plomo y mercurio), los osos pardos, las águilas, los rebecos, las truchas o los urogallos ya campaban a sus anchas por esta comarca de la Montaña Oriental.

La protección que otorga la cadena montañosa del norte, el clima húmedo y un invierno frío han creado un salvaje jardín botánico al aire libre. Los lagos de Isoba y Ausente atraen a muchos aficionados al senderismo que encuentran en Puebla de Lillo un destino para disfrutar todo el año.

Aunque el valle estuvo poblado muchos siglos antes, el primer documento en el que se menciona es del 1212, durante el reinado de Alfonso IX. En la localidad quedan restos de un torreón medieval mandado construir por los Condes de Luna. Tras una reciente reconstrucción se ha convertido en centro cultural y de interpretación de los Picos de Europa.

La cercanía al puerto de San Isidro, la estación de esquí más importante de la cordillera cantábrica, es otro de los importantes reclamos de Puebla de Lillo. Y durante el verano, la festividad de Nª Sª de las Nieves el 5 de agosto atrae a muchos visitantes.

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