Viveiro

Un municipio donde las prisas nunca son buenas

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En la entrada de Viveiro bien debiera figurar este cartel: "Prohibidas las prisas". En efecto, la velocidad es uno de los grandes enemigos del visitante que se acerca a este espectacular municipio de la costa norte de la provincia de Lugo, a orillas del mar Cantábrico. Solo su casco antiguo merece ya todo nuestro detenimiento y parsimonia. Cuenta con la declaración de Conjunto Histórico-Artístico y nos ofrece una docena de sobresalientes edificaciones. El origen medieval de la ciudad lo encontramos en los restos que aún se conservan de la antigua muralla, en particular en la Puerta de Carlos V, el monumento más representativo de la ciudad. Esta puerta señalaba la entrada a Viveiro por las antiguas murallas que daban al Cantábrico. De las seis puertas que tenía inicialmente la muralla, solo tres sobreviven. Las otras dos son la Puerta da Vila y la Puerta do Valado. En el centro histórico, las calles empinadas nos deparan algún fenómeno llamativo como el del Callejón del Muro, que según los habitantes de Viveiro es la calle más estrecha de España. La iglesia parroquial de Santa María, románica del siglo XII, no es el único ejemplo de edificación religiosa en esta villa. La iglesia parroquial de Santiago-San Francisco es otro hermoso templo con vitola de Conjunto Histórico Artístico Nacional. La monumentalidad, sin embargo, reside a veces no tanto en obras descomunales como en sencillos y logrados ejemplos de arquitectura popular. Viveiro es pródiga en este sentido, con sus bellas viviendas con corredores, balconadas y galerías acristaladas. En el entorno de Viveiro podemos acercarnos a contemplar los eucaliptos centenarios del paraje de Souto da Retora, el paseo fluvial del Río Landro o el espectacular Monte San Roque, el lugar desde donde se obtienen las mejores instantáneas de la localidad. 

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