Lecturas estimulantes

Novelas que resucitan a un muerto

novelas de miedo

Hay textos que no necesitan levantar al muerto de la sepultura para trasladar al lector inquietud, miedo y gustazo enorme por estar ante unas páginas que te arrastran, ante autores que te llevan de la mano sin respirar. Estos libros que han escogido 'Los Infames' no atraen a los fantasmas, pero remueven demonios y emociones interiores.

Que nadie se deje llevar por este titular que en lo que dura la lectura del artículo no habrá resurrecciones, apariciones fantasmales, y ya puestos, ni siquiera dudas sobre posibles reencarnaciones. En esta ocasión los Tipos Infames nos podemos imaginar como vocingleros vendedores de crecepelo hablando de las virtudes no sólo curativas, sino claramente milagrosas de las siguientes novelas. Y sí, creemos que son muy buenas, pero seguramente no serían de utilidad para los experimentos del profesor Fronkonstin.

'Un hombre ocioso' de Yusuf Atilgan

Hay alguien nuevo en la ciudad, murió en 1989 pero se conserva mejor que muchos de nosotros


Algo de regreso del más allá tiene la aparición en las mesas de novedades de autores y novelas nunca antes publicadas en España. Es el caso del escritor turco Yusuf Atilgan y su novela Un hombre ocioso (ed. Gallo Nero).

Su protagonista es un joven con renta suficiente para poder ahorrarse aquello de ganar el pan con el sudor de su frente y dedicarse a deambular por la ciudad en busca de algo sin forma ni nombre fijo, pero cuya ausencia parece oprimir el pecho del ser humano contemporáneo. Imposible de conformar con lo cotidiano, con la rutina que se adueña con normalidad de todo el mundo a su alrededor, trata de diferenciarse en todo momento de los demás, aquellos para los cuales "el objetivo de la vida era la rutina, la tranquilidad. A la mayoría le daba miedo el esfuerzo, la novedad". Su único objetivo en las calles de Estambul es encontrar ese algo que no podría decir qué es, convencido de que lo reconocerá al instante nada más verlo. Y que cree atisbar en algunos instantes en que el mundo real parece dejar de existir y en las miradas de algunas jóvenes con las que se cruza.

Las referencias a El extranjero de Camus o la inspiración y lectura de Faulkner, como dice Pamuk, son muy acertadas, la novela es puro siglo XX, pero mientras leíamos Un hombre ocioso no podíamos dejar de imaginar a C., su protagonista, como una suerte de Jean-Pierre Léaud haciendo de Antoine Duanel en la películas de Truffaut tratando de vivir y no de sobrevivir.

'Caer' de Éric Chevillard

Vivir es el purgatorio


Nunca antes traducido, pero tan vivo que si en estos días nos cruzáramos con él le invitaríamos encantados a buñuelos y huesos de santo, hemos conocido al vecino francés Éric Chevillard con su novela Caer (ed. Sexto Piso).

Hundidos hasta las rodillas (y cada vez más profundamente) en la realidad de este territorio llamado Caer nos llega la voz desesperada de sus habitantes en una oración fúnebre o mantra en busca de auxilio, en esta novela que es también un tratado sobre la desesperación, un canto de bilis a la imposibilidad de huir de Caer y al funesto destino de quien nace ahí y vive ese particular purgatorio.

Mientras aprenden a fracasar mejor, las muecas de las sonrisas, los gritos que claman la espera por un mesías laico y las bocas preparadas para morder al enemigo se confunden entre sí.

Caer es la crónica de ese fracaso, del hundirse constante y de la caída; desesperación y absurdo de los deseos y voluntades descritas con tanto humor corrosivo capaz de recordarnos al más afilado Samuel Beckett, maestro de las carcajadas grises.

Tres libros para resucitar a un muerto. Foto: Tipos Infames

'La familia real' de William Vollmann

El tan citado muerto "estaba tomando cañas" (Peret dixit)


No lo podemos remediar: el tan cacareado titular de la muerte de la novela a nosotros nos recuerda más a un estribillo cantado por Peret. Y es que hay libros que niegan desde sus primeras páginas esta pregunta y que revitalizan a su modo el género de la novela. La familia real de William Vollmann (ed. Pálido Fuego) es una novela sin freno, no sólo por sus mil páginas, sino porque aspira a ser desbocada, terrible y genial en sus excesos: tamaño y ambición, con temas recurrentes del autor: prostitución, drogas, adicciones sin fin en ambos sentidos... Lo mejor de cada casa reunido en este cónclave aconfesional y perpetrado por este bicho raro de la literatura norteamericana (si no nos creen curioseen por internet la biografía del autor). La novela lleva por tema en su primera página "la constancia, o el adicto", y reúne referencias y citas de Sade, Dostoievski, de la Biblia...

A ras de suelo de los bajos fondos de San Francisco el detective privado Henry Tyler busca meretriz a meretriz a la llamada Reina de las Putas, de ahí que la mayoría de los personajes de la novela ejerzan este antiguo oficio, y desde él se establecen varios triángulos argumentales: el amoroso, cuyo ángulo femenino muere allá por la página 150 y que une a Henry con su hermano John: uno enamorado de ella pasará toda la novela obsesionada con ella, el otro en cambio es el marido y viudo oficial. Ambos hermanos también trabajan para el mismo oscuro personaje, la búsqueda de Henry se solapa con la legal y más lucrativa del hermano que tiene por fin establecer el llamado "Circo Femenino" en Las Vegas.

Dos hermanos y la estirpe de Caín: el pecado y la culpa narrados como si no hubiera posible expiación para el mal en el ser humano, y todos los personajes de esta novela llevan su particular señal en la frente, sus propios pecados, adicción e insatisfacción constantes. No parece haber lugar para la confusión entre el bien y el mal, y la línea que separa lo sensual de lo obsceno es cada vez más leve.

Leer La familia real y otros libros de Vollmann producen fiebre, entusiasmo y conducen a una velocidad endiablada a la locura, por eso no podemos dejar de recomendarlo.

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