Turismo deportivo: VI Carrera Desafío Cantabria

Una aventura épica entre el mar y la montaña

Los corredores pasan por la ventana de "Horcadina" en una quedada previa del Desafío 2018.
Los desafiadores pasan por la ventana de "Horcadina" en una quedada previa del Desafío 2018. Foto: José García

Alcanzar una meta deportiva es una excusa para viajar y correr que arrasa entre "runners" y caminantes. En San Vicente de la Barquera arranca a media noche del 5 al 6 de octubre una carrera  de 90 Km entre el Cantábrico y los Picos de Europa. Un sueño para amantes de alturas y caminos de cabras, pero también para los "andarines", una marcha a pie nocturna de 24 kilómetros asequible para todos. Kilómetros y kilómetros de paisajes alucinantes.

El Desafío Cantabria es una carrera ultra trail de montaña. Desde la misma línea de salida en San Vicente de la Barquera (Cantabria) ya se divisa la meta. Es un punto de lo Picos de Europa, no muy lejano si eres un pájaro y vas en línea recta, pero a un abismo sideral si tienes que llegar a pie. Te esperan 13.000 metros de desnivel; casi 90 kilómetros de sinuosos caminos de cabras; y el aliento de 300 corredores, que, como tú, están a punto de hacer la misma locura: esta ultra trail del mar a la montaña solo indicada para valientes o suicidas, según cómo se mire. Simplemente apuntarse ya es un acto de fe.

Corriendo para realizar la subida al Castillo de San Vicente de la Barquera. Foto: Guillermo Calvo.
Corriendo para realizar la subida al Castillo de San Vicente de la Barquera. Foto: Guillermo Calvo.

Este 2018, además, será la tercera edición de Andarines o Marcha a Pie para ciudadanos normales. Sale de San Vicente de la Barquera y llega a Cades, por la ruta fluvial del Nansa. Un lujo para quienes no llegan a estar en forma para los 450 participantes de la ultra-trail o los 300 del trail nocturno. Este año, además, los participantes amplian la marcha por los Picos de Europa.

Puertos de Aliva desafiados por los corredores de la quedada de 2018.
Puertos de Aliva desafiados por los corredores de la quedada de 2018. Foto: José Garcia

Nosotros, para vivir la experiencia con antelación, nos fuímos de la mano de Violeta Russell, una corredora amateur de 45 años que nos explicó los secretos de esta prueba y sus entrenamientos para afrontarla por primera vez. Técnico Deportivo del Medio Rural y con años de experiencia en la Fundación Oso Pardo, Violeta conoce el recorrido como la palma de su mano. Tiene grabado a fuego cada secreto de la montaña. Reconoce huellas, sigue rastros como una apache e identifica cada risco con la precisión de un cirujano. "¿Lo más peligroso? Prefiero cruzarme con un lobo en el monte que con un furtivo. Nunca sabes cómo pueden reaccionar", afirma la deportista, confirmando el proverbio latino de Homo homini lupus est (El hombre es un lobo para el hombre).

Avituallamiento en Lebeña, cerca de la ermita enseña del románico.
Avituallamiento en Lebeña, cerca de la ermita enseña del románico. Foto: José García

El Desafío Cantabria es una de las 3.500 carreras populares que se celebran al año en España. El primitivo instinto de correr ha entrado en ebullición y en nuestro país dicen que hay dos modas: los gin-tonic y los maratones. Pero, ¿cuáles son las motivaciones de los nuevos corredores que se incorporan en masa a este deporte? Violeta tiene claras las suyas: "Siempre me ha apasionado caminar por el monte. Al nacer mi segunda hija no tenía tiempo para largas caminatas, así que comencé a correr". Y ya no paró. Como Forrest Gump y como los mas de 3 millones de españoles que corren habitualmente.

La carrera va del mar a la montaña. Foto: Guillermo Calvo.
La carrera va del mar a la montaña. Foto: Guillermo Calvo.

Si antes todas las comunidades y grandes capitales querían tener un Guggenheim, ahora cada ciudad, sea grande o pequeña, esté en la montaña o en el mar, quiere tener su propio trail, carrera, maratón o ultra. Organizar un carrera popular es considerablemente más barato que edificar una Cuidad de las Artes y las Ciencias, por ejemplo, pero también te puede colocar en el mapa y en los telediarios. Sin contar los beneficios concretos del turismo deportivo, que supera el 15 % de todos los viajes de ocio que hacen los españoles.

Escaleras de récord

La afición es ya una industria que solo en España genera 300 millones de euros al año y muchos corredores, a parte de fundirse una media de 700 euros anuales en running –y eso que correr es gratis–, organizan su vida en función de las carreras populares en las que van a participar. "Este año estaré en la Behobia de San Sebastián, a la que voy siempre, en la Cronoescalada del Monte Cincho, la Ruenes Trail o la Ultra Maratón de Somiedo. Para entrenar hago una media de 300 kilómetros al mes, bien corriendo o en bicicleta", cuenta Violeta como si nada, quizá sin ser consciente de que roza los 4.000 kilómetros anuales. Afrontar una ultra maratón de montaña a los 45 años es algo natural para ella: "Cuando eres joven buscas pruebas más explosivas, vas a tope todo el tiempo, sin embargo, las ultras son más de mantener un ritmo sostenido, perfectas para un perfil más veterano. Es como pasar de un motor de gasolina a uno diesel". ¡Quién dijo crisis de los 40!

El recorrido pasa por un parque natural y otro nacional. Foto: Iñaki García.
El recorrido pasa por un parque natural y otro nacional. Foto: Iñaki García.

El Desafío Cantabria simboliza el auge de las carreras populares y del deporte al aire libre. Es espectacular porque parte desde San Vicente de la Barquera y termina en el corazón de los Picos de Europa, uniendo el mar y la montaña, y a la vez, dos tesoros de la naturaleza: el Parque Natural de Oyambre con el Parque Nacional de los Picos de Europa. Son 86 kilómetros mágicos en la modalidad de ultra maratón, que tiene un cupo limitado de 300 corredores. Pero también se puede hacer el Trail, una versión light de 33 kilómetros sin límite de participantes.

Quedamos en San Vicente de la Barquera. La salida de la ultra trail es aquí el próximo 6 de octubre a las 00.00 horas. Se trata de un pueblo turístico y marinero que tiene todo lo que un paisajista pudiera soñar. Los corredores pasan al lado de su castillo e iglesia, cuyas piedras de sillería susurran diez siglos de historia. Aunque estamos al nivel del mar, este pueblo no se libra de una configuración en cuesta que ofrece escenarios alucinantes: una playa kilométrica, montañas inalcanzables, puentes medievales y barquitos pesqueros multicolores y brillantes.

Mirando hacia Lebeña en una parte del camino. Foto: Guillermo Calvo.
Mirando hacia Lebeña en una parte del camino. Foto: Guillermo Calvo.

"Este año -por el 2017- es el primero que hice el Desafío. Me apasiona esta carrera: es muy técnica. En otras pruebas de larga distancia se trata solo de hacer kilómetros por un terreno más o menos fácil. Me gustan menos porque pongo el piloto automático y empiezo a divagar". Claramente, esta prueba no se presta a muchas divagaciones. Entre que la mitad de la carrera es de noche y lo abrupto de los caminos de montaña, a la resistencia física hay que sumar poderes como el salto de las cabras o la visión nocturna de las lechuzas. "No puedes despistarte ni un segundo porque te caes. Aquí y ahora al máximo. Eso me encanta".

Pronto alcanzamos el vecino municipio de Val de San Vicente donde destacan el paso por la Torre Medieval de Estrada y las vistas desde el Collado de Bielva, en la frontera con el municipio de Herrerías. Aquí se bajan también los 300 escalones de piedra y vértigo que rasgan un tupido castañar. Son las famosas escaleras del Cristo de Bielva. Un insólito escenario en medio del bosque que sirvió para batir el Récord Guinness de tirarse por la escalera más larga. Fue en 2006, cuando se lanzó al vacío Joaquín Ortega, un actor especialista sevillano que quería despojar de su título a un doble de James Bond. Rodó por 174 peldaños sin romperse la crisma. Al asomarte, no te cabe la menor duda de que un pequeño tropiezo puede ser fatal. "Esperemos que no estén muy resbaladizas en la carrera, aunque las hojas ya se encargan de limpiarlas con sus pisadas los que van primero", observa Violeta.

La iglesia de Santa María de Lebeña. Foto: Guillermo Calvo.
La iglesia de Santa María de Lebeña. Foto: Guillermo Calvo.

La parte más salvaje

Los 300 escalones enlazan con Puente El Arrudo. Cruce de caminos clave que conecta diferentes valles y municipios. Aquí comienza la primera ascensión seria. Hay que coronar la gran caliza del Monte Arria, que separa los municipios de Herrerías y Lamasón. Se trata de uno de los pasos más espectaculares de la prueba. Entramos en pleno corazón de una Cantabria salvaje. Es una de las zonas más despobladas de la comunidad. Pura naturaleza: te puedes cruzar con venados, lobos o la característica chova piquirroja, que aprovecha los huecos de la roca caliza para sus nidos.

Valdacoros en los Picos de Europa.
Valdacoros en los Picos de Europa. Los corredores se topan con espectadores que no les comprenden. Foto: José Garcia.

Impresiona la pared por la que subirán los corredores, siguiendo un auténtico camino de cabras. Desde la cumbre se divisa el mar Cantábrico hacia el norte y los Picos de Europa al sur. Un lugar espectacular, lleno de energía, frontera entre la montaña y el mar. Aquí en su cima encontramos vestigios de otras eras de la humanidad, en este caso de la cultura megalítica con algunos menhires y dólmenes. También está salpicada su ladera de invernales, cabañas de piedra diseñadas para refugio del ganado.

Zona del Monte Arria. Foto: Guillermo Calvo.
Zona del Monte Arria. Foto: Guillermo Calvo.

"No me puedo dejar llevar por otros corredores. Tengo que ir a mi ritmo. Si me confío al principio lo pagaré. En Lebeña comienza otra carrera, la de verdad", afirma Violeta. En este punto hay un avituallamiento y un denominado 'Hospital de Campaña'. "Aquí hay que poner el cuenta kilómetros a cero. Empieza el mambo". La localidad de Lebeña se esconde en el Desfiladero de la Hermida. Los corredores han perdido altura y están a 200 metros escasos sobre el nivel del mar. Ahora faltan 40 kilómetros de alta montaña.

La salida nocturna, un espectáculo que inicia la aventura.
La salida nocturna, un espectáculo que inicia la aventura. Foto: José Garcia.

El primer escollo se alza dominador. Y eso que es el enanito del cuento. Es el collado de Santa Olaja, de 1.411 metros. Pero hemos entrado en un paisaje brutal, el macizo oriental de los Picos de Europa. Y los únicos enanitos parecemos nosotros. A estas alturas, los bosques de hayedos y robles de la media montaña dejan paso a un paisaje lunar, dominado por la roca caliza y los pastos. Sin rastro alguno de árboles, estamos por encima de los 1.500 metros de altitud, en un reino de cabras y buitres leonados.

Cruzando el Collado Cámara (1.694 metros), a punto de finalizar el recorrido, somos testigos de un escena dantesca. Una flota de unos 50 buitres leonados se pelea por despedazar una cabra muerta. "Cuando lo ves en acción entiendes el significado de ser un buitre. Les puede el hambre, a veces se llenan tanto que ya no consiguen remontar el vuelo porque pesan demasiado", cuenta Violeta.

En la cima reinan los buitres leonados. Foto: Guillermo Calvo.
En la cima reinan los buitres leonados. Foto: Guillermo Calvo.

El siguiente objetivo es alcanzar el refugio de Áliva. Aquí hay dos edificaciones: un pintoresco hotel y la conocida como Chalet Real, donde se alojó el rey Alfonso XIII durante una cacería en 1912. Este es el último avituallamiento. Quedan pocos kilómetros para la meta. Hay que coronar la Horcadina de Covarrobres (1.930 metros), al lado del teleférico de Fuente Dé, al que suben una media de 237.000 turistas al año. Eso sí, con la inestimable ayuda del funicular. El Desafío Cantabria solo está al alcance de 300.

Te puede interesar...