Consejos para ir con niños al bosque

Las claves para que se lo pasen bomba

Niño en un bosque con una estampa otoñal. Foto: Shutterstock
Haz que tu visita sea un éxito. Foto: Shutterstock

El otoño es la mejor excusa para iniciar a los más pequeños en el contacto con la naturaleza. No solo por la belleza de los colores que brindan los bosques, que para ellos no es lo más importante, sino por los buenos momentos que pueden pasar en un escenario que, no nos costará convencerlos de ello, es mágico.

La naturaleza es el mejor aliado para entretener estos días a nuestros pequeños al aire libre. Hay que observar, sin embargo, varias condiciones para alcanzar el éxito, que no es otro que nuestros peques (y nosotros con ellos) pasen un día inolvidable. Lo más importante es elegir el lugar correcto. Hay que evitar destinos distantes (por lo general no les gusta demasiado ni les convienen los largos viajes) y diseñar una ruta que no sea larga, ni mucho menos esforzada. No hablemos de itinerario, ni tan siquiera de excursión; mejor hacerlo de paseo. Nuestros objetivos tienen que ser por lo tanto como ellos: pequeños.

El bosque, para toda la familia. Foto: Shutterstock
El bosque, para toda la familia. Foto: Shutterstock

Una vez elegido el bosque y el paseo que daremos por él, hay que aderezar lo que pase bajo su hojarasca como si fuese el mejor de los menús. Busquemos excusas y actividades que provoquen en los niños dos cosas: atención y curiosidad. Con la primera se olvidarán de lo pesado que les resulta (a ellos por razones obvias mucho más que a nosotros) caminar por la naturaleza. La segunda es el combustible que les empujará a seguir, de lo bien que se lo están pasando.

La naturaleza nos va a ayudar en este plan que, no olvidemos esto, es muy importante, pues según nos salga, según lo pasen nuestros hijos, se enamorarán del campo y el aire libre o, sencillamente, no querrán volver en su vida. Así son de radicales.

Aparte de sus bonitos colores, el otoño hace innumerables regalos. Los más exitosos son los frutos silvestres: nueces, castañas, bellotas, higos, moras y otros, que, sin ser comestibles, aportan su color y forman un poco más de magia a la historia: servales, escaramujos, espinos, majuelos, arándonos, madroños y endrinas, son los más comunes. No es cuestión de recogerlos, pero sí de explicarles qué son cada uno de ellos y para qué se usan. En estos casos, una guía será imprescindible a la mayoría.

Lo que sí se pueden recolectar son hojas. Aunque estén formados por una especie dominante, los bosques caducifolios acogen bastantes tipos de árboles. Recojamos las que veamos diferentes para después, ya en casa, pegarlas en el que puede ser su primer cuaderno de campo.

Hojas, hojas y más hojas. ¡A jugar! Foto: Shutterstock
Hojas, hojas y más hojas. ¡A jugar! Foto: Shutterstock

Luego están las setas. Solo con anunciar que vamos a buscarlas, los niños se encandilan. Cuando finalmente aparecen, comienza la fascinación. Y no digamos cada vez que nos topemos con la más conocida y reconocible de todas: la venenosa amanita muscaria, ya saben: el hongo donde viven los gnomos. El color rojo de su sombrero, el gran tamaño que suelen alcanzar y lo frecuente que resultan, las convierten en la apuesta más segura de cualquier visita infantil al bosque.

No acaba aquí la cosa. Aunque ya hace frío y el sol cada vez se hace más de rogar, aún abundan por el suelo caracoles y babosas. Y si bien los insectos se retiran, tal vez tengamos la suerte de descubrir una ardilla en la enramada y, por supuesto, a unas cuantas aves forestales, como los llamativos arrendajos y picapinos o, al menos, escuchar sus cantos y voces.

Las setas, un mundo sorprendente también para los peques. Foto: Shutterstock
Las setas, un mundo sorprendente también para los peques. Foto: Shutterstock

Decálogo forestal para pasarlo bien

  1. Antes de salir diseñar bien el plan del día con todos los detalles.

  2. No hacer viajes demasiado largos.

  3. Buscar un bosque caducifolio, es decir que se le caigan las hojas, los pinares son más aburridos.

  4. Trazar una excursión corta y nada esforzada. Entre uno y dos kilómetros es lo recomendable para niños de hasta 8 años.

  5. Vestirles bien. Que no pasen frío, pero tampoco forrarles demasiado para que se asen de calor. No olvidar guantes y gorro.

  6. Tampoco debe faltar crema solar.

  7. Unas buenas botas son lo más importante. Impermeables y cálidas. Que les estén bien. Especial cuidado con los calcetines: nuevos y sin arrugas.

  8. No olvidar el agua. Una barrita, frutos secos o un trozo de chocolate les dará energía al tiempo que engañarán el hambre sin quitársela del todo.

  9. Acostúmbrarles a llevar su propia mochila. Así se hacen responsables de sus cosas y se les inculca que la naturaleza no es el pasillo de casa. Dentro casi nada y que apenas pese: un botellín de agua, su comida, gorro y guantes si no hace frío, una bolsa para las hojas y poco más.

  10. Invitarles a que cojan su propia responsabilidad, dejándoles que vayan delante o encomendar a cada uno su "misión", como encontrar setas, hojas o huellas de animales, identificar los ruidos del bosque, etcétera.

  11. Lleva ropa de recambio. Aunque no llueva, es muy fácil que nuestros pequeños se mojen.
Las botas, imprescindibles. Foto: Shutterstock
Las botas, imprescindibles. Foto: Shutterstock

Te puede interesar...