El Real Alcázar de Sevilla

Un paseo entre historia, naranjos y azahar

En la plaza del Triunfo se encuentra uno de los accesos al Alcázar.

Intramuros de historia y extramuros de vida. El Real Alcazar de Sevilla es un enclave de cine, exquisitamente engalanado, en una ciudad tan antigua como actual que no deja de latir intensamente. Por dentro, jardines palaciegos con fuentes cantarinas contrastan con bares guitarreros y plazas de naranjos a pies de murallas milenarias.

Son las 9.30h y se acaba de abrir la puerta de Los Leones, la entrada principal al recinto amurallado del Real Alcázar de Sevilla, un espacio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es quizá la mejor hora para comenzar este recorrido de historia y de cine; bien lo saben los ciudadanos franceses, estadounidenses e italianos, las nacionalidades que más visitan el recinto entre los más de millón y medio que pasaron por sus puertas el año pasado.

Las cabezas hacia arriba y los ojos bien abiertos. Exclamaciones en lenguas diferentes, pero con el mismo sentimiento, se amplifican en el Patio de la Montería, el primer gran espacio del Alcázar Real.

Retratos para el recuerdo dentro del Patio de la Montería.

Las cámaras de los móviles, silenciados por recomendación de los responsables del complejo, disparan sin parar a la portada del Palacio de Don Pedro el Cruel, un rey de leyenda que, por haber sido un monarca fantasioso del destino, fue el que dirigió la mayor traza del palacio haciendo una arquitectura mudéjar con toques orientalistas y andaluces. Otro rey, pero del cine, inmortalizó para la gran pantalla este patio en la película El reino de los cielos; el británico Ridley Scott se encaprichó de la fortificación y pagó 60.000 euros por una semana de rodaje, rebajándo a la mitad el precio estipulado. Sevilla se convirtió en Jerusalén en esta película épica, una de las tantas que se rodaron y se ruedan en las estancias y jardines del Alcázar Real.

El arte mudéjar adorna la fachada del Palacio de Don Pedro el Cruel

Aposentos como la Sala de Justicia o el Patio de las Muñecas del palacio fueron labradas con manos toledanas y, pese a sus inscripciones árabes, lo que en ellas se lee es el comienzo del evangelio de San Juan. Cuesta trabajo asimilar la idea de que fuera levantado por un rey cristiano, pero el gobernante y sus albañiles no hacían remilgos en invocar, como cualquier "deísta moderno", a un dios poco localizado.

Los visitantes quedan embelesados al contemplar los detalles del techo y paredes que forman la Sala de Justicia

Los estrechos pasadizos, que canalizan a los cientos de visitantes que pasan cada día, nos dirigen al estanque de Mercurio, una opción para disfrutar del sol y conocer lo que se convirtió durante días en los Jardines del Agua de la Casa Martell, los gobernantes de Dorne que convirtieron este sitio real en la imaginaria capital de sus dominios, Lanza del Sol, durante el rodaje de Juego de Tronos. Más de un problema tuvieron los técnicos del equipo de rodaje para darle a sus aguas un azul intenso televisivo.

Uno de los pasajes de los Jardines del Agua.

Nuestros pasos siguen por las zonas verdes del recinto amurallado. Algo más de siete hectáreas de naranjos, palmeras e innumerables plantas de colores nos acompañan en uno de los paseos más agradables de Sevilla. Detalles renacentistas, árabes y modernos conforman un conjunto armónico en pleno centro de la ciudad. El Jardín del Príncipe, de las Flores, de las Damas, de Troya, de la Danza o el de Alcubilla, fueron también escenarios de cine para el Capitán Alatriste, dirigida por Díaz Yanes, o el heroico Lawrence de Arabia interpretado por Peter O´Toole.

Cae la tarde sobre los jardines del Alcázar.

Volvemos al interior de este entramado de cuento para conocer los impresionantesbaños de María de Padilla, la amante de Don Pedro I que compartió con él parte de su vida a mediados del siglo XIV. Sus gigantescas bóvedas góticas excavadas bajo tierra nos recuerdan una nave de iglesia donde el culto era evitar el excesivo calor de la superficie. Tanto fue el amor de la pareja que el rey-amante hizo que la Padilla fuera reina después de muerta.

Sí que tenía que querer este Don Pedro a su amante para obsequiarle con unos baños de tal belleza.

El barrio más populoso de Sevilla nos espera para reponer fuerzas y nos apresuramos a los Jardines de Carlos V para conocer otra de las joyas del recinto, lafuente de Neptuno, donde una escultura del dios griego juega al equilibrio apoyado en un talón. Su esbelta desnudez se vio atacada en 2003 por un gigantesco árbol que cayó sobre él y lo hirió gravemente.

El dios de los mares se abre paso entre las palmeras.

No nos podemos marchar sin conocer el Patio de las Doncellas, cubierto y descubierto de nuevo por avatares de la historia. La vida de Cristóbal Colón, la primera superproducción extranjera que se filmó en España, convirtió este espacio en la Alhambra de Granada. Fue Alexandre Promio, un cameraman de la empresa de los Hermanos Lumiere, el responsable de rodar esta película muda en 1916.

Uno de los rincones del Patio de las Doncellas dentro del Alcázar.

Dejamos atrás esta maravilla de mezcla de estilos arquitectónicos, jardines de leyenda y tramas amorosas. Salimos del recinto al patio de las banderas y ahí está el barrio de Santa Cruz, el guardián del Alcázar que bulle tanto de día como de noche.

REAL ALCÁZAR DE SEVILLA - Patio de Banderas, s/n. Sevilla. Tel. 954 50 23 24.

Datos de interés: El Alcázar cuenta con una programación de actividades durante todo el año. La entrada al recinto del Alcázar cuesta 9,50 euros. Los jubilados y estudiantes 2 euros. Discapacitados, menores de 16 años y sevillanos nacidos o residentes no pagan. Para la compra de entradas pueden llamar al teléfono 902 559 336. 

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