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La garganta de Jaranda es el reino granítico y vertical de la cabra. Suma unos increíbles 1.800 metros de desnivel entre su nacimiento en la portilla de Jaranda y su desembocadura en el Tiétar, de manera que presenta numerosos pisos ecológicos. Su parte superior, la que nos ocupa, es un tobogán granítico donde los remolinos van formando cubetas idílicas para bañistas y científicos. El Instituto Geológico y Minero de España la ha incluido en su inventario de Lugares de Interés Geológico porque permite observar cómo la red fluvial se ha hundido, dejando al descubierto el escalonamiento tectónico de la sierra.
En sus cotas bajas y medias vamos a ver rebollos, castaños o cerezos silvestres, junto a fresnos, alisos y sauces en la ribera; más arriba, los árboles ceden ante piornales o enebrales, y finalmente cervunales, turberas, pastizales de altura y canchales. También aparecen pequeñas rarezas botánicas, como el rocío del sol (carnívora), la boca de dragón de Gredos, las peonías o el azafrán silvestre. La sucesión vegetal sostiene a truchas, salamandras, desmanes ibéricos, garduñas, mirlos acuáticos, halcones peregrinos o águilas reales. Sin embargo, el emblema de este paraje es la cabra montés, que se beneficia particularmente de sus gigantescas oscilaciones de altura.
La cabra, oportunista, no busca una altitud concreta, sino un terreno de roquedos y canchales que le permitan escabullirse. Cuando encuentra hierba, pasta, y cuando esta escasea, ramonea arbustos. Su capacidad para aprovechar lo disponible explica en parte su adaptación a una montaña donde el alimento cambia radicalmente con la estación. Normalmente, hembras y machos viven separados, pero en época de celo forman grandes rebaños donde los machos han establecido una jerarquía a golpe de cornamenta, que resuena por las gargantas de la sierra en otoño. Estos y otros datos sobre cómo calcular su edad por el pelaje o la cornamenta los podemos descubrir en un curioso centro de interpretación situado en el pueblo.
El Centro de Interpretación de la Reserva Regional de Caza “La Sierra” está dedicado a un espacio protegido de unas 14.000 hectáreas repartidas entre Guijo, Tornavacas, Jarandilla, Losar y Viandar de la Vera. Se creó en el año 2001, pero el origen de la reserva se remonta a mediados de la década de 1980, cuando se declaró una zona de caza controlada para proteger las pequeñas poblaciones de cabra montés que subsistían en este sector de Gredos. El primer recuento registró sólo 35 animales, pero quince años después los censos ya superaban el millar. Desde entonces, el territorio funciona como un “área madre”, desde la que la especie se ha expandido hacia otras montañas.
Dividido en tres plantas, el centro explica la geografía de la reserva, su vegetación y su fauna, centrando el tiro en la cabra montés. Y sí, decimos “centra el tiro” porque la exposición presenta a esta especie como un elemento ecológico y cultural, pero también económico, ya que su recuperación no se cuenta como una victoria de la naturaleza frente a los cazadores, sino hermanando conservación con cinegética: “Los recursos naturales y paisajísticos deben y pueden convivir con las actividades tradicionales”, se escucha en un audiovisual.
La cabra montés se caza mediante rececho, una modalidad que obliga a aproximarse a pie por terrenos abruptos. Según cuentan, este formato les permite seleccionar ejemplares viejos o en mal estado físico, que tendrían dificultades para superar la dureza de la montaña. La reserva nació para conservar una especie cinegética y sus hábitats, pero también para ordenar su aprovechamiento: la caza genera una renta para los propietarios de las fincas, ofrece un incentivo económico para mantener el hábitat y aceptar la presencia de animales que compiten por los pastos del ganado vacuno.
El Centro de Interpretación se ubica en el antiguo ayuntamiento de Guijo de Santa Bárbara, construido en 1850, unas décadas después de que el pueblo se independizara de Jarandilla. La primera mención documental del Guijo data de 1468, cuando unos vecinos solicitaron un coto de pastos, pero, según la leyenda, debía existir desde mucho tiempo antes, ya que el relato tradicional afirma que Viriato, el legendario pastor lusitano que encabezó una correosa resistencia contra Roma, nació en el número 10 de la calle que lleva su nombre, la más antigua y estrecha del pueblo.
El municipio más alto de la comarca de La Vera, situado a unos 870 metros de altitud, no estuvo comunicado por carretera con Jarandilla hasta 1886. Antes, la vida se orientaba hacia la sierra. A pesar de que la sierra se levanta casi como un muro vertical de 1,5 km sobre su cabeza, las montañas no eran un enemigo sino una despensa, depósito de agua, zona de pastos y antigua vía de comunicación heroica entre las dos mesetas. El casco urbano conserva algunos rastros de aquel mundo, sobre todo en la arquitectura de las casas más antiguas, con plantas bajas de piedra para establos y almacenes, plantas medias de madera y adobe para vivienda, y desvanes como sequeros de castañas.
La economía tradicional de Guijo tiene paralelismos con el comportamiento de las cabras que, en verano, suben hacia las cotas elevadas buscando pastos frescos; con la llegada de la nieve y la escasez, descienden. Durante siglos, los cabreros hicieron algo muy parecido con sus rebaños domésticos, elaborando quesos durante el verano que luego bajaban para pasar el invierno. Y lo mismo sucedía con la abundancia de frutos de La Vera. Sabores del Guijo es un obrador de mermeladas artesanas famoso en la comarca que, de alguna manera, perpetúa este tipo de economía de conserva. Desde 1975, ya van por la tercera generación de una saga que ahora también ofrece licores, almíbares, vinagres, dulce de membrillo…
El topónimo Guijo procede de "guija", que designa un terreno abundante en cantos rodados como el que hay montaña arriba. Allí también aparecen conjuntos de chozas en ruinas, donde los antiguos cabreros pasaban semanas casi aislados, cuidaban el ganado y elaboraban el queso que luego consumían en invierno. Seguramente, se darían algún que otro chapuzón en las numerosas pozas de la garganta de Jaranda, que aparecen como escalones en su cauce granítico: Calajomero, Trabuquete, La Puente, La Rehoya o El Pulguillas…
En la zona baja de Guijo, el Charco de la Máquina es una piscina natural represada junto a la cual se puede aparcar el coche. Es la zona de baño más popular, aunque el pueblo más alto de La Vera ofrece lugares mucho más idílicos sin apenas esfuerzo. Desde la parte alta de Guijo de Santa Bárbara, la llamada “Puerta de Entrada a la Naturaleza” nos sitúa en el antiguo Camino de Castilla, que conectaba Jarandilla de La Vera con el Barco de Ávila a través de la Portilla de Jaranda. Su firme empedrado constituye una plataforma privilegiada desde la que se puede ir oteando la garganta hasta elegir el charco que más guste.
El destino más codiciado suele ser el Trabuquete, una de las pozas más fotogénicas de Gredos, pero que tampoco es la opción más familiar por ser un baño un tanto encajonado que, además, exige subir durante unos 3,5 km. Por su parte, caminando aproximadamente 20 minutos y sin apenas superar desniveles, el charco Calajomero se erige como una alternativa con mucho gancho para quienes busquen idilio sin sudor. El acceso por la margen del sendero es un poco pedregoso, pero cruzando el río se puede echar el día tumbado sobre un solárium granítico.
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