Fresnedillas celebra su mascarada de invierno

La fiesta de la vaquilla, un ritual precristiano en Madrid

Tras varias idas y venidas, el Alguacil ata con una cuerda a la Vaquilla y con un disparo al aire se la espanta. Foto: Ana Aldea.
Tras varias idas y venidas, el Alguacil ata con una cuerda a la Vaquilla y con un disparo al aire se la espanta. Foto: Ana Aldea.

En los últimos años España se ha llenado de fiestas paganas, carnavales y otras mascaradas de invierno. Muchas de estas fiestas desaparecieron y han sido recuperadas en los últimos años, pero otras tantas han sobrevivido varios milenios. Es el caso de la fiesta de la Vaquilla, una mascarada de invierno que se celebra cada mes de enero en Fresnedillas de la Oliva, a solo 45 kilómetros de Madrid.

La serranía madrileña acoge hoy una 'mascarada' donde los niños se convierten en mozos. En Fresnedillas de la Oliva todos los chiquillos esperan impacientes para cumplir los catorce años y poder participar en un rito de iniciación que llega con el frío. La Fiesta de la Vaquilla es una llamada a la fertilidad que se celebra con un estrépito de cencerros que pretenden despertar al sol y llamar la atención de las muchachas.

Como todas las mascaradas de la meseta y el norte de la península ibérica, se trata de una tradición de origen prerromano que conmemora el fin del invierno. Rituales paganos en los que es muy frecuente que algunas personas se vistan de animales.

El Alcalde y el Alguacil corren con vistosos sombreros ataviados con cintas. Foto: Ana Aldea.
El Alcalde y el Alguacil corren con vistosos sombreros ataviados con cintas. Foto: Ana Aldea.

Lo que hace que la Fiesta de la Vaquilla haya sido considerada patrimonio inmaterial de la Comunidad de Madrid es lo bien conservada que está y la fidelidad con la que el pueblo lo celebra cada año, llueva o nieve.

El peso de la tradición popular recae sobre los solteros, que vestidos con un mono de flores y con cencerros a la espalda pasan prácticamente todo el día de carrera en carrera. En concreto, hay cuatro protagonistas principales: la vaquilla, que es un mozo con un armazón de madera y cuernos; los judíos, que son representados por un gran grupo de jóvenes con cencerros a la espalda; y el aguacil y el alcalde, quienes ese día ejercen de máxima autoridad ataviados con llamativos sombreros de cintas y perlas.

Los cencerros ponen banda sonora a la festividad. Foto: Ana Aldea.
Los cencerros ponen banda sonora a la festividad. Foto: Ana Aldea.

El ritual comienza la noche anterior cuando los cencerros empiezan a sonar, aunque hay que esperar a las 12.00 horas del día 20 (el día grande) para disfrutar de la parte más vistosa de esta cita, con la misa y la procesión. La fiesta de la Vaquilla, como muchas otras fue cristianizada, y hoy parte del rito se desarrolla en el templo.

A las diez de la mañana se tocan las Ave Marías y se suelta la Vaquilla por primera vez. Foto: Ana Aldea.
A las diez de la mañana se tocan las Ave Marías y se suelta la Vaquilla por primera vez. Foto: Ana Aldea.

A partir de ahí comienza el movimiento y el ruido. Hasta las 18.00 horas el pueblo se llena del sonido de los cencerros que son la banda sonora de las carreras en las que la vaquilla intenta alcanzar al alcalde y el aguacil. Es la lucha entre el bien y el mal.

Un joven que porta sobre los hombros a la Vaquilla, representada por un armazón de madera. Foto: Ana Aldea.
Un joven que porta sobre los hombros a la Vaquilla, representada por un armazón de madera. Foto: Ana Aldea.

Cuando cae el sol la fiesta acaba con la simbólica muerte de la vaca. Un año más, en Fresnedillas de Oliva los cencerros habrán espantado al invierno.

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