Se ha hecho raro verla así durante tantas semanas, sobre todo en Semana Santa y ahora, cuando la primavera se ha hecho presente en todo su esplendor. Mallorca, epicentro neurálgico del turismo (el año pasado recibió más de 16 millones de visitas), no se entiende sin sus plazas y calles concurridas de gente, sus edificios históricos con largas colas para acceder, sus playas abarrotadas de sombrillas y toallas y sus terrazas repletas de turistas disfrutando de este rincón soleado del Mediterráneo. Pero estos días hemos podido retratar la isla vacía y solitaria.

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