Ruta de senderismo por Sierra de las Nieves (Málaga)

La sierra que hace honor a su nombre

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Una treintena de kilómetros para subir a La Torrecilla.

El espacio protegido Sierra de Nieves, en Málaga, será declarado Parque Nacional en 2021 y lo ha celebrado con una intensa nevada que no se veía desde hace años. La ruta hasta su cumbre más alta, a casi 2.000 metros de altitud, es estos días un paseo de cuento entre encinas, abetos prehistóricos y quejigos congelados con vistas al Mediterráneo.

A pesar de su denominación, no es fácil encontrar nieve en la Sierra de las Nieves. Este parque natural, que será declarado Parque Nacional a lo largo del año, rara vez se cubre de un manto helado. Y, cuando lo hace, el sol suele acabar pronto con las cumbres nevadas. Hay excepciones, como este año. Filomena ha dejado un rastro blanco inconfundible en Málaga que ha tenido su máxima expresión en el pico del Torrecilla, que con sus 1.919 metros sobre el nivel del mar es la cumbre más alta de este espacio protegido y la segunda de la provincia malagueña, tras La Maroma, en la comarca de La Axarquía. 

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En la pista de Los Quejigales arranca la ruta.

Su perfil recortado de blanco se puede observar a simple vista desde las propias playas de la capital malagueña, pero es adentrándose en la montaña cuando todo cobra sentido. Es el momento de recrearse en el milagro de la nieve, la magia que la rodea cada vez que cae, la pasión por fotografiarla o caminarla, su idílica tonalidad blanquecina. Aquí la experiencia cobra más sentido gracias a un notable bosque de pinsapos únicos, el silencio que les rodea y las vistas enmarcadas por el Mediterráneo, a tan solo 20 kilómetros en línea recta. La Sierra de las Nieves es Reserva de la Biosfera y cuenta con 20.000 hectáreas. Hay otras tantas maneras de disfrutarla, aunque caminar sobre sus senderos nevados es, sin duda, una de las mejores. 

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Diez kilómetros separan las áreas recreativas de Las Conejeras y Los Quejigales.

Hay varias formas de adentrarse en el corazón de este macizo calizo. Para alcanzar su cima más alta, una de las más habituales es hacerlo por el oeste. El acceso se ubica a apenas un kilómetro de las ventas 'El Navasillo' y 'Las Lajas', esta última, lugar excepcional para arrancar con energía la jornada con unas tostadas de zurrapa de lomo. El inicio del camino no tiene pérdida: la entrada al parque natural está bien señalada en la carretera A-397 –que une Marbella y Ronda– con una indicación hacia al área recreativa de Las Conejeras. Una pista recorre desde ahí casi diez kilómetros hasta otra área recreativa, Los Quejigales, donde parte una de las rutas más bonitas e interesantes de la provincia de Málaga. También de las más duras, por lo que se debe tener cuidado durante la jornada deportiva. 

ciclista sierra de nieves
Algunos valientes se atreven a subirlo en bici.

Sonidos de montaña nevada

En condiciones normales, lo habitual es recorrer el tramo de pista en coche. Con nieve, el criterio de la administración suele ser cortar el acceso a los vehículos desde Las Conejeras para evitar aglomeraciones y atascos, además de accidentes por la existencia de placas de nieve. Alguna vez permiten el acceso a vehículos todoterreno y con cadenas, según la intensidad de la nevada. Sea como sea, para las familias, que abran la pista o no, es lo de menos: en años como este la diversión con niños y niñas está ahí mismo, al alcance de las manos, sin necesidad de andar. "Hagamos lo que hagamos, siempre hay críticas en redes sociales: bien porque hay muchos coches, bien porque no los dejamos entrar", cuentan con cierta tristeza desde la dirección del parque natural, que cree que todas las personas tienen derecho a disfrutar el entorno, "pero ordenadamente". Ahora más que nunca, en plena pandemia. 

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Atravesando el pinsapar de la Cañada del Cuerno.

Para los montañeros, eso sí, toca alargar la caminata. A cambio, ausencia de vehículos a motor para saborear los sonidos de la montaña nevada, como el de la nieve que cae de las ramas o el crujir del hielo sobre la roca caliza cuando le llega el sol. Preparados con comida y agua de sobra, ropa de abrigo, buenas botas, guantes, mascarilla y unos crampones en la mochila por si acaso, las dos primeras horas de paseo sirven para atravesar un denso encinar por un camino que pasa junto al cortijo 'Las Navas', singular y bonito alojamiento rural. El viaje asciende serpenteando, lentamente, sobre algunas zonas donde el hielo se hace fuerte, hasta Los Quejigales.

La pista continúa hasta el Puerto de los Pilones, opción preferente para quienes realizan el ascenso sobre una bicicleta, tirando de riñones en cuestas rotas y gran porcentaje de desnivel. Un esfuerzo titánico que recompensa a quienes lo logren, que se deslizan sobre nieve virgen. Lo lograron y disfrutaron Lorenzo Moreno y su amigo alemán Tobías, a los que les basta cualquier excusa para salir al campo y descubrir nuevas sensaciones. "Y en sitios como Málaga, donde la nieve es algo exótico, esta nevada nos invitaba a salir", cuenta Moreno. "Subir fue duro, pero alucinando con las vistas", añade, destacando que llegaron hasta los 1.700 metros de altitud, límite de la zona ciclable. Durante el descenso, sus teléfonos echaban fuego de hacer fotos y grabar la bajada sobre la nieve virgen. 

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Así luce la pista de ascenso al puerto de Los Pilones.

Abetos prehistóricos

Para senderistas, la mejor opción es desviarse hacia el área recreativa, donde tras un puente de madera comienza el trazado oficial de la ruta, que también tiene premio. El primer tramo del sendero atraviesa la Cañada del Cuerno, donde existe un frondoso bosque de pinsapos, algo muy difícil de ver en el mundo. Este abeto prehistórico es una de las mayores singularidades de la Sierra de las Nieves, ya que apenas se puede ver aquí y en Grazalema. Pueden vivir más de 500 años y superar los 30 metros de altura. Y caminar junto a sus enormes troncos supone viajar en el tiempo: esta especie ha sobrevivido a la subida de las temperaturas desde el Terciario, hace 66 millones de años. Y lo ha hecho al abrigo de laderas orientadas al norte y solo en cotas que van de los 800 a los 1.800 metros de altitud, justo como este rincón.

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Cuesta un poquito subir al puerto, pero merece la pena.

Rodeados de la misma nieve que también sostienen en sus ramas, da la sensación de adentrarse en otra era. Nada aquí parece Málaga. Todo aquí parece sacado de paisajes de uno de esos grandes libros de aventuras. "Es una de las rutas más bonitas que he hecho, aunque el esfuerzo es importante", cuenta Miguel, uno de los pocos senderistas que se ha atrevido esta semana a caminar hasta las cumbres de la Sierra de las Nieves. 

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Detalles de una jornada brutal.

Con cuidado, pisando con firmeza y con el apoyo de unos buenos bastones para evitar resbalones indeseados, la gran densidad boscosa se va abriendo hasta que, en el tramo final, la senda se abre al sol que brilla con fuerza. Durante la madrugada, la estación no oficial de temperatura ha marcado aquí casi 15 grados bajo cero y, aunque entre la sombra de los árboles el camino parece una nevera, al sol sobran capas. La nieve, virgen, se torna aquí más blanca que nunca. Tan solo las huellas de cabra montés, zorros y otros pequeños mamíferos rompen un manto que esta semana ha superado los 15 centímetros.

Un último tirón sirve para llegar al Puerto de los Pilones. Tiene vistas 360 grados al Mediterráneo, al propio Torrecilla y al cercano pico de La Alcazaba, a la cumbre de la Concha en Marbella y las playas de Estepona. Al norte, la ciudad de Ronda asoma tímidamente bajo la Sierra de Grazalema donde se eleva, a lo lejos, Zahara de la Sierra. Es el momento de tomarse un buen respiro. Las rocas absorben calor y sentarse sobre ellas ayuda a recobrar energías. Un termo de buen caldo de puchero caliente, más aún. "Esto reconforta", dice Miguel mientras disfruta del suyo. Frutos secos, fruta y agua completan el menú, mientras en las alturas se observa a los buitres girando en círculos aprovechando las corrientes de aire más cálidas. "Parece que nos están esperando", dice entre risas.

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Conviene madrugar para que no se nos haga de noche antes de terminar la ruta.

La montaña espera, paciente

En paisajes tan nevados, el primer mandamiento exige siempre precaución. Y no solo al caminar, también con los horarios. Aunque parezca que el sol brilla en lo más alto, su caída es a toda velocidad y, a medida que se acerca al horizonte, sin que nos demos cuenta, las temperaturas bajan con rapidez. Este rincón panorámico, por ello, es perfecto para plantearse la vuelta a casa o, como mucho, andurrear por la zona. A pocos minutos por un sendero llano se ubica el Puerto del Oso, por ejemplo, donde existe un antiguo nevero en el que los lugareños almacenaban hielo. En las cercanías se halla la llamada Sima de la Luz, con más de 18 kilómetros de cavidades subterráneas exploradas y que cuenta con una profundidad estimada de algo más de 1.100 metros.

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¿Una foto junto a los quejigos helados?

Un poco más allá se llega al Pilar de Tolox, un promontorio calizo que cobija a la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga, popularmente conocida aquí como Virgen de las Nieves. A sus pies hay una fuente, uno de los pocos puntos de agua de la zona. Ahí comienza la subida final al Torrecilla, un complejo zigzag final que solo se debe abordar con tiempo de sobra. Y teniendo en cuenta que hay que en días con grandes cantidades de nieve hay que recorrer otros diez kilómetros extra de pista para retornar al punto de partida, se hace necesario madrugar mucho. Ante la duda, siempre, hay que dar la vuelta.

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Los bastones ayudan mucho al buen avance de la ruta.

Para precavidos, hay dos opciones para el retorno si se quiere completar la ruta circular. Una es, directamente, bajar por la pista. Arranca con unas espectaculares vistas al peñón de Gibraltar y ofrece rincones de postal ya que en su parte más alta acumula bastante nieve. Por ella, además, es fácil tener algún que otro encuentro con grupos de cabra montés, que se camufla a la perfección entre nieves y rocas calizas. Otra es, si hay margen de tiempo, descender por la Cañada de las Ánimas, que atraviesa otro denso bosque de pinsapos. El camino es más largo y llega hasta Los Quejigales, área recreativa donde acabaría una ruta en cualquier época del año salvo con intensas nevadas. 

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Y al fondo, Gibraltar.

En total toca andar una treintena de kilómetros. Sea como sea, hay que volver a Las Conejeras, donde hay también un camping municipal cerrado en invierno y por donde pastan con calma algunos ejemplares de vacas pajunas, en peligro de extinción y que se encuentra solo en las provincias de Málaga, Granada y Almería. Es el momento de conducir de vuelta a la venta 'Las Lajas', calentarse con un buen café y, quizá, dirigirse a Ronda para cenar o dormir. Y, por qué no, comenzar a decidir la próxima ruta. La montaña, mientras, espera paciente.