De excursión a Urueña (Valladolid)

El pueblo que venera los libros

El pueblo venera la literatura en todos sus rincones.
El pueblo venera la literatura en todos sus rincones.

Urueña es una villa vallisoletana amurallada y fronteriza entre el campo y la cultura.  Asentada en un cerro, se disfraza de centinela y no deja de mirar a la llanura que se extiende a sus pies. Una planicie en la que el paisaje es la ausencia y donde sus librerías se convierten en la mejor excusa para visitarla.

Los 189 vecinos de Urueña no pedían que los aviones de Ryanair aterrizasen en el aeropuerto que no tienen, les valía con que les habilitasen un desvío en la autovía A-6. Tras años reclamándolo, hoy su pueblo está indicado con una señal violeta. Un color que en la cartelería que salpica las carreteras nacionales despierta expectativas. Un riesgo que Urueña, la catalogada como Villa del Libro, asume.

Urueña, Valladolid. Mural
Uno de los murales que muestra el pueblo en sus calles.

Una vez se abandona la autovía hay que recorrer seis kilómetros por una carretera secundaria más transitada por ciclistas que por automóviles. Tras una curva aparece una imagen de postal e inmediatamente un apartadero a la derecha desde el que contemplarla. El primer impulso es el de emular a Canaletto pero, sin paleta, pincel y talento, esa posibilidad se desvanece. Más sencillo, a priori, es tratar de fotografiar Urueña al fondo y en alto precedida por la ermita de La Anunciada que hay en el valle. Esta construcción patrimonial religiosa, de estilo románico lombardo catalán, es la única de este tipo levantada fuera del Pirineo español. "Un joyón fuera de sitio", dice Carmen, encargada de la oficina de turismo del pueblo y quien organiza la visita de una hora de duración a esta rara avis en estas coordenadas mesetarias.

Vista de La Anunciada con la muralla detrás. Foto: Agestock.
Vista de La Anunciada con la muralla detrás. Foto: Agestock.

La Anunciada no es lo único extraño en Urueña, un pueblo que no encaja ni en Fahrenheit 451, ni 1984 ni tampoco en Un mundo feliz. Intramuros, la calle Real parte en dos el casco urbano y comunica las puertas del Azogue, estrecha y defensiva, y la de La Villa, señorial y abierta al valle, un mirador al que asomarse y ver la mencionada ermita y un palomar. Ambas puertas se encuentran en los extremos norte y sur, respectivamente.

Las calles del pueblo son un remanso de paz.
Las calles del pueblo son un remanso de paz.

A mitad de recorrido la Plaza Mayor, en la que están el Ayuntamiento y la Oficina de Turismo, que es de menor tamaño que el Corro de San Andrés, y donde se encuentra el 'Mesón Villa de Urueña'. Este restaurante de comida tradicional, en el que se trabaja mucho la cuchara y las carnes, lo regenta desde hace 30 años Luis Antonio Vallecillo, de 51 años. Apoyado en la barra en la que pasa más tiempo que en ningún otro sitio, este hostelero se expresa igual que un desenfadado concejal de urbanismo: "La gracia de Urueña es que estamos a medio camino entre Galicia, Asturias y Madrid, a 200 kilómetros de cada uno de esos lugares. Eso le da mucha vida al pueblo". Aunque más gusto provoca escucharle cuando recita el menú del día, dan ganas de cantar bingo.

Una de las mejores formas de descubrir el pueblo es caminar sobre su muralla.
Una de las mejores formas de descubrir el pueblo es caminar sobre su muralla.

Uno de los valores añadidos de Urueña es que se puede pasear por el adarve de su muralla del siglo XII y ver a un lado el páramo, de cielo y tierra, y al otro las tejados de tejas viejas de las casas de piedra del pueblo. Las mejores vistas están en los miradores del Roto, el de la Puerta de la Villa y el Peinador de la Reina. El otro es su patrimonio cultural que consta de museos: el de la Música (colección Luis Delgado), el ESPACIO DiLab (extramuros), el de las Campanas (que ocupa una vieja panera), el Etnográfico de la Fundación Joaquín Díaz (en la casona de La Mayorazga), el del Cuento y del Libro, su docena de librerías y un taller de encuadernación incluido. Urueña es un pueblo sin conciencia del peligro o con un plan de negocio hecho por un humanista en paro, de lo contrario habría más bares que librerías y no al revés.

A Urueña se le conoce como la Villa del Libro.
A Urueña se le conoce como la Villa del Libro.

El pueblo que adora los libros

Al Ayuntamiento de Urueña y a la Diputación de Valladolid se les ocurrió, para potenciar el turismo y la gastronomía del pueblo, abrir librerías en locales públicos, dentro del marco de un proyecto cultural de compra venta de libros y eventos relacionados con la literatura. Convertir a Urueña en la Villa del Libro. El eje en torno al que gira toda esta actividad es el Centro e-LEA Miguel Delibes (un espacio para la promoción del Libro y de la Cultura). Los interesados en adquirir uno de esos locales tenían que solicitarlo y, una vez concedido el permiso, pagar un alquiler asequible y cumplir una serie de condiciones: abrir cuatro días a la semana, sábados y domingos incluidos, todos los festivos del año, excepto el 1 de enero y el 25 de diciembre, y durante seis horas al día, en horario de mañana y tarde.

Campo y más campo. Así son las vistas de los alrededores.
Campo y más campo. Así son las vistas de los alrededores.

La idea no es original, antes se les ocurrió a los galeses del pueblo de Hay-on-Wye, después hicieron lo mismo los de Redu en Bélgica, Montolieu en Francia, Bredevooort en los Países Bajos, etc. En 2007 fue el turno de Urueña. José Antonio Largo, de 'La Boutique del Cuento', recuerda que "los dos primeros años vino mucha gente, sobre todo de Madrid, donde había anuncios de la Villa del Libro de Urueña. Literalmente no entraban por las puertas".

En Urueña hay más librerías que bares.
En Urueña hay más librerías que bares.

Antes, a principios del 2000, en el pueblo ya estaban la librería 'Alcaraván', el taller de encuadernación y los museos de las Campanas y el Etnográfico de la Fundación Joaquín Díaz. Por aquel entonces, a la periodista Tamara Crespo y al fotoperiodista Fidel Raso, ambos vascos, les encandiló Urueña y su entorno, y juntos fundaron la librería 'Primera Página'. "Está decorada con objetos traídos por nosotros de nuestros viajes por el mundo, tiene mucho de personal, quizá por eso guste tanto a pesar de ser tan pequeñita, una trinchera, como me gusta llamarla", dice Tamara. Una trinchera dentro de la muralla hecha con sacos de libros de periodismo, fotografía y viajes.

En el interior de la librería 'Primera Página'.
En el interior de la librería 'Primera Página'.
Localidad

Urueña

A Tamara se le debería pagar por la selección que hace de títulos y no por venderlos. Es muy fácil ensimismarse leyendo los lomos y las cubiertas de todos esos libros colocados en los estantes acompañado de Chuche, el gato que la pareja adoptó y que parece estar esperando a que alguien le lea un cuento. Tamara dice que "esta es una pequeña librería llena de grandes historias", también de fotografías que parecen estallar y herirte con restos de metralla. Hay una de ellas, tomada por Fidel, que no deja indiferente. En la imagen se ve a un hombre (un refugiado sirio) que amenaza con tirar a un bebé (su hijo) al vacío. A esta foto se suman otras que reflejan acontecimientos históricos del siglo XX y resumen la trayectoria de Fidel: la Caída del Muro de Berlín, la Primera Guerra del Golfo, las primeras elecciones democráticas en Rusia, el terrorismo de ETA y, más recientemente, las historias de inmigrantes y refugiados. A Fidel no le pidas que te encuentre un libro, a él le tienes que pedir negativos, diapositivas, archivos RAW y escucharle.

Las letras de sus libros son un monumento más.
Las letras de sus libros son un monumento más.

Al salir de las librerías de Urueña uno echa de menos que, en su casco urbano, una calle, una plaza y un corro no lleven por nombre Ray Bradbury, George Orwell y Aldous Huxley, respectivamente. Sería fantástico que vinieran a inaugurar sus correspondientes placas a bordo de un avión de Ryanair.

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