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Bar Gros revindica desde el chaflán de Provença con Muntaner el bar barcelonés de siempre, con producto del bueno, platos reconocibles, raciones correctas y mucho color. Es el primer proyecto en la capital catalana de Jordi Millán y Sara Martín, pareja dentro y fuera de los fogones y responsables de los cuatro restaurantes de barrio del Grupo Angelita: Casa Angelita (2014) y Camarote (2018), ambos en Nou Barris; Bocarte (Santa Coloma); y Cal Pesca (Sant Andreu). Millán es pescadero de cuarta generación: su bisabuela vendía pescado en una cesta de mimbre, su abuela Angelita montó una de las primeras paradas del Mercado de Montserrat y él mismo compró a los 25 años una parada de marisco en la Mercè. Martín, arquitecta técnica de formación, completa el tándem. Al frente de los fogones está Matías Paiva, un chef con experiencia en alta cocina, que trabaja sin quinta gama y con todo cocinado desde cero.
Encontraréis un espacio diáfano y colorista para 70 comensales, con una barra serpenteante que recuerda a los bares de mercado. Una pequeña vitrina de lonja reúne gamba roja, navaja y ostras de Normandía. La carta sigue una estructura clásica (vermuteo, tapas calientes, platillos que son platos enteros y un apartado de producto para compartir) y juega con las dimensiones: la ensaladilla rusa, a 7,90 euros, pesa casi medio kilo, y la bomba es un bombazo relleno de guiso de rabo de toro, con salsa casi dulce y mayonesa picante. No os perdáis los tacos de bacalao fresco con pil-pil, la lubina entera de casi un kilo a 39 euros, el chuletón de vaca vieja y postres cruzados, como la torrija con mel i mató o el flan-crema catalana. Gracias a las compras de Millán en Mercabarna y en las lonjas, el tique medio ronda los 35 euros. La idea de donde parten es que se pueda comer bien desde 20 euros y sin quedarse con hambre.
BAR GROS. Provença, 202. Tel. 937 557 031
El hotel LabTwentyTwo Barcelona estrena en su rooftop Chimú, un concepto que une alta coctelería y cocina Nikkei con vistas a la ciudad, tras una reforma completa del interior. Se define como un espacio “premium casual” para un público urbano, cosmopolita y aficionado al diseño y la gastronomía. El proyecto lo ha desarrollado Georgios Eleftheriadis, head of food & beverage de Odyssey Hotel Group, con experiencia en Dubái, Berlín, Roma y Viena, y lo dirige Vincenzo Ricci, food & beverage manager con más de una década entre Italia, México y España. En los fogones está Jairo Balcázar Sola, que pasó por los espacios gastronómicos del W Barcelona, participó en la apertura de NOXE, y aporta sus raíces ecuatorianas y su experiencia en cocina andina y asiática. En la barra está Oriol Codina Roig, curtido en Dry Martini Barcelona, donde acabó como bar manager.
Con música y vistas incluidas, Chimú aspira a ser el nuevo hidden spot de la ciudad. Su carta, pensada para compartir, mezcla la precisión japonesa con el alma peruana en clave moderna y desenfadada. Entre los platos destacan el ‘Chimú Ceviche’, una receta transmitida entre generaciones de chefs peruanos, y los ‘Nori Tacos’, el plato estrella. De postre hay tapioca de coco con sorbete de manzana verde, puré de maracuyá y merengue de matcha, y pastel de tres leches con crujiente de coco, helado de plátano y caramelo de miso. La coctelería suma el ‘Matchimú’ (vodka, matcha y vainilla con leche y fresas), el ‘Coco-Roku’ (ginebra con coco, manzana y leche) y el ‘Geisha Pornstar’, frutal y con sake.
CHIMÚ. Rooftop del hotel LabTwentyTwo Barcelona. Carrer del Peru, 102. Tel. 932 917 073
La taquería mexicana Chinampita, nacida en 2012, ha elegido Barcelona para inaugurar su primer local en Europa y el decimoquinto de la marca (tienen 14 establecimientos en México). Detrás están el empresario Diego Castillo, que con 19 años empezó vendiendo tacos de guisados en fiestas y en un pequeño puesto en la colonia Portales de Ciudad de México; y su socio y amigo Giovanni Pardo. Su novísimo local en el Eixample apuesta por un interiorismo del estudio barcelonés Pichiglas Studio que mezcla el old money americano de los 70 con el universo de las taquerías mexicanas, y mantiene los colores y códigos de la marca en un espacio informal, con cocina vista, una bonita barra central, mesas y terraza.
La propuesta reproduce, sin adaptaciones, el genuino taco street food chilango: tortillas hechas a mano, salsas elaboradas diariamente y, como especialidad, un delicioso taco al pastor con adobo propio y carne cortada al momento del trompo. La carta, deliberadamente corta, recorre los lugares comunes de esta gastronomía: el asado, el campechano, el rib eye y la arrachera, con alternativas vegetarianas de nopales, hongos o jamaica, y la opción de pedir los tacos con costra de queso, en tortilla de harina o en formato volcán. Entre los entrantes hay guacamole, frijoles maneados, queso fundido con hongos o chorizo, chicharrón de queso, quesadillas, cebollitas asadas y nopales, además de burritos y dos postres: flan de dulce de leche y pastel de tres leches. En la parte líquida, conviven las cervezas mexicanas, las micheladas, margaritas, mezcalinas, palomas y el carajillo mexicano con aguas frescas de horchata, limón y jamaica. Abre de mediodía a noche los siete días de la semana y ofrece, take away y delivery. Lunes y miércoles ofrece una promoción 2x1 en tacos al pastor durante todo el día.
CHINAMPITA. Carrer de Rosselló, 172.
Entre las grandes novedades hoteleras de este otoño hay una que ya ha abierto sus puertas: Bless Barcelona, la nueva incorporación de Palladium Hotel Group, inaugurada a comienzos de septiembre. El hotel ocupa un edificio histórico del siglo XIX en el entorno de Passeig de Gràcia que en el pasado albergó el Gran Café del Siglo XIX, conocido como La Pajarera, y después se convirtió en el Gran Hotel Colón. Un lugar con mucha historia gastronómica barcelonesa (por sus salones pasaron figuras como Dalí, Lorca o Einstein).
Hoy, La Pajarera Sky Lounge recupera la denominación original en el rooftop, con cócteles de la conocida bartender barcelonesa Adriana Chía y vistas privilegiadas. Y la oferta gastronómica se completa con Sinedie, su recién estrenado wine bar de inspiración italiana y mediterránea, y Hofmann, que instala en el lobby su reconocida pastelería con café de especialidad. El interiorismo de esta nueva propuesta, de U Interior Design, reinterpreta la historia del edificio con madera, metal, vidrio, reflejos y piezas artesanales.
SINEDIE. Hotel Bless Barcelona. Plaza de Cataluña, 10
El Grupo Nomo, que abrió Nomo Gràcia en 2007, estrena Nimi, un Japanese bar de formato casual que los hermanos Juan y Borja Molina-Martell inauguraron el 8 de octubre. La cocina nace del equipo del chef ejecutivo y socio fundador Naoyuki Haginoya, y Hisanori Matsuki está al frente del nuevo concepto. El local, de dimensiones reducidas y con unos 30 comensales sentados, tiene cocina abierta y barra. El interiorismo es de Mas-Aqui Arquitectura & Interiorismo, que evita los clichés y combina hormigón, madera, latón y ladrillo blanco con referencias a técnicas tradicionales japonesas.
La propuesta se aleja del sushi que dio fama al grupo y se inspira en el street food y las pequeñas tabernas de barrio de Japón. Los protagonistas son los sandos (los sándwiches japoneses), junto a okonomiyaki, bollería, matcha y otras elaboraciones niponas pensadas para cualquier momento del día. El tique medio ronda los 22 euros, frente a los 40 ó 50 de los restaurantes Nomo. El delivery es uno de los pilares del modelo: el grupo lleva quince años con su servicio propio, Nomomoto, que aporta alrededor del 20% del negocio.
NIMI JAPANESE BAR. Carrer de Pau Claris, 107.
Aunque en este caso todavía no podemos hacer una visita inminente, tenemos en el radar (y por eso os lo avanzamos) que Jordi Cruz prepara un nuevo restaurante en el número 11 de la Avinguda Tibidabo, pegado a su restaurante Àbac (tres Soles Repsol). Formará parte del Grupo Abac, que también gestiona los otros locales del televisivo chef: Ten’s, Angle y Atempo. Ocupará una de las Casas Josefa Orpí: tres torres unifamiliares modernistas (números 9 a 13), proyectadas en 1910 por el arquitecto Antoni Millàs i Figuerola en un edificio protegido por el catálogo de patrimonio del Ayuntamiento, que consta de sótano, planta baja, piso y ático, y está aislado y rodeado de jardín. Es “el palacete” en la jerga que usan sus cocineros y stagiers, el edificio que hasta ahora usaba el personal de Àbac para cambiarse, y ya entraba en el proyecto de ampliación del hotel.
¿Por qué esta apertura que nos ha cogido desprevenidos? El chef lo plantea como la otra cara de su alta cocina: recetas tradicionales catalanas reinterpretadas, más ligeras y menos calóricas, con un tique mucho más asequible, de entre 50 y 70 euros, frente a los unos 300 de Àbac. Es una tendencia similar a las aperturas que hemos visto en Barcelona de la mano de otros chefs como Berasategui con su Bera o de Paolo Casagrande con la reciente Osteria Condal, pero también con proyectos como Fontané, de los hermanos Roca. Como ejemplo de propuesta que cuajará Cruz en el nuevo espacio, adelanta un fricandó de carne madurada infusionada con moixernons. El chef catalán sostiene que busca un público distinto al que se sienta en su restaurante vecino, sin renunciar a la alta cocina. De momento, no se conocen ni el nombre del restaurante ni su fecha prevista de apertura.
NUEVO RESTAURANTE DE JORDI CRUZ (nombre por confirmar). Avinguda del Tibidabo, 11.
Después de repasar los nuevos restaurantes que han abierto en octubre, te recordamos algunos de los aterrizajes más interesantes de septiembre. Así que, toma nota.
Mineral es una de las aperturas más interesantes de este otoño en Barcelona. Es el proyecto propio del chef Oliver Peña y su pareja, la sumiller Cristina Losada, situado en el Eixample barcelonés, junto al Mercado del Ninot, de donde procede buena parte de su despensa. Tras años cocinando para otros —con paso por casas como Comerç 24, el 41º de Albert Adrià, Tickets, Enigma o el también desaparecido Teatro—, la pareja decidió montar un local pensado enteramente a su medida, sin ceder a las fórmulas de menú degustación ni buscar deslumbrar con artificios. El resultado es un espacio pequeño, con una barra de unas 18 plazas frente a los fogones como protagonista, y apenas una docena de mesas, donde se puede observar de cerca el trabajo del equipo, entre ellos, Franco Ferranti, Heyi Feng, Xavi Solé y Jordi Figueras.
La propuesta gastronómica combina producto de mercado y técnica depurada con un espíritu desenfadado, en platos como la codorniz servida a la brasa y en escabeche, el rodaballo con judía del ganxet, o los tendones de ternera con lima elaborados con casquería de La Boquería. Losada, que fue directora de Enigma, aporta una carta de vinos con fuerte presencia catalana y española, además de una generosa oferta por copas. Incluso el nombre del restaurante tiene raíces familiares: remite al oficio de carbonero del abuelo de Peña y al pasado minero de Asturias, tierra natal de Losada.
MINERAL. Carrer de Mallorca, 166.
Piedra es otra de las aperturas recientes que vale la pena señalar en el mapa gastronómico de Barcelona. Al frente de este pequeño restaurante de la zona alta también tenemos a una pareja. En este caso, la de los empresarios argentinos Gonzalo Francisco San Martín y Soledad Lema —él, sumiller y jefe de sala; ella, cocinera—, que se conocen desde los 12 años y llevan 18 como pareja. Ambos se han fogueado en cocinas de referencia de Barcelona (La Barra, Tapas 24, Batea, Berbena, Pompa, La Mundana) antes de dar el salto a su propio proyecto. El local, con forma de tubo y una veintena de comensales de aforo, ofrece una carta de platillos para compartir que combina la cocina argentina con una base mediterránea y catalana y toques franceses: un choux relleno de hígado, cebolla, hinojo y kumquat; una empanada con salsa asiática y mexicana; o el calabacín sobre fainà, entre otros platos que Lema define como el reflejo de sus viajes.
El cuidado en el detalle —pan de Forno Bomba, aceite de Juan Vargas (exjefe de cocina de Mugaritz), verduras de Can Fisas y una carta de vinos con 500 referencias, incluida una buena selección de oxidativos y burbujas de productor— confirma que se trata de un proyecto serio, con producto superlativo. Cierran la experiencia algunos quesos de leche cruda catalanes (muy recomendable el Ufff, de Mas Alba, que les sirve Artai, Vila Viniteca). Dejamos los postres, como el flan con helado de dulce de leche o el pastel de ciruela y frangipane, para una segunda visita.
PIEDRA. Carrer d’Amigó, 33. Tel. 646 803 798
Es el nuevo proyecto con el que el chef italiano Paolo Casagrande —afincado en Barcelona desde hace años al frente de Lasarte— ha desembarcado este septiembre en el frenético Paralelo de la mano del Grupo Orobianco. El local elegido no es cualquiera: ocupa el emblemático espacio que durante años fue Tickets, el restaurante de Albert Adrià, y que después pasó a manos de Teatro Kitchen & Bar, de los hermanos Iglesias. Casagrande, con más de tres décadas de trayectoria y tres estrellas Michelin a sus espaldas, traslada aquí parte de ese bagaje, pero en clave más accesible y desenfadada, dejando la cocina del día a día en manos de Andrea Fiori, italiano curtido en el propio Lasarte y en Da Vittorio Shanghai. Completan el equipo Agostina Fernández en sala y Marc Dot al frente de una bodega que roza las 300 referencias, con fuerte peso de los vinos catalanes, junto a etiquetas italianas e internacionales.
El nombre juega con esa doble identidad de chef: "osteria" remite a la tradición italiana de los locales vivos y cercanos, pensados para comer y conversar sin solemnidad, mientras que "Condal" es un guiño a Barcelona. La propuesta despliega una carta pensada para compartir y dos menús degustación: Frenesía y Paral·lel. En los fogones se combinan guiños italianos y catalanes, con platos como el tartar de calamar a la "carbonara" o el pichón al carbón, y remates dulces, como un sorbete de shiso con matcha o el irónico "airbag tiramisú", que recuerda a los desaparecidos Tickets y Teatro. Con capacidad para 70 comensales en el interior y 16 en terraza, Osteria Condal aspira a convertirse en una de las direcciones gastronómicas de referencia de la ciudad.
OSTERIA CONDAL. Avinguda del Paral·lel, 164. Tel. 936 836 998
Tras convertirse en uno de los restaurantes de moda del Empordà en apenas dos años de trayectoria, Pizzabar llega a Barcelona. La carta de este desenfadado local, que combina pizzas de masa fina, tapas gastronómicas, vinos y cócteles, ha sido una de las sensaciones de la Costa Brava este verano. Con la nueva apertura, ubicada en la céntrica calle Enric Granados, el grupo lleva el mismo espíritu a un entorno urbano y cosmopolita, con un diseño concebido para reunirse, compartir y disfrutar.
Pizzabar se desmarca de la pizza napolitana (casi omnipresente en Barcelona) y tampoco pretende ser un restaurante italiano. Los ingredientes de toda la propuesta son, en su práctica totalidad, de origen catalán, a excepción del tomate, de procedencia italiana. A las horneadas protagonistas, se suman tapas gastronómicas reseñables, como el wonton de cap i pota o las ostras con leche de tigre. Su menú de mediodía, desde 18,60 €, ha sido muy bien acogido por los oficinistas locales y rompe con la idea de que en un restaurante de aires italianos sólo se viene a comer pizza.
PIZZABAR. Carrer de París, 205. Tel. 972 970 198
Sergio y Javier Torres se despojan de la etiqueta gourmet y aterrizan en el Mercat de Santa Caterina con Parada Torres, una barra y restaurante de mercado que rinde homenaje a la cocina de barrio y a los guisos de toda la vida. Los chefs, con tres Soles Repsol en su casa madre, se han aliado con Pantea Group (Ramón Rodríguez y Pia Pishkoohani) para levantar un local de 440 metros cuadrados y hasta 160 comensales, con barra circular a la vista y un lateral de cristal que conecta directamente con el bullicio del mercado. El proyecto tiene también un punto sentimental: su abuela los llevaba de pequeños a este mismo mercado, donde trabajaba como cocinera en una de las calles colindantes, y ese recuerdo familiar es hoy el hilo conductor de la propuesta.
La carta apuesta por platos reconocibles, pensados para compartir: bravas, una ensaladilla rusa con lubina Aquanaria madurada, pepito de ternera con tapenade de tomates secos, gambas blancas rebozadas y torreznos bien fritos. Entre los imprescindibles, los macarrones con recortes de embutido variado, receta heredada de su hermano David de sus tiempos de piso de solteros, que aquí se han convertido en todo un éxito. Con un tique medio de unos 35 euros y un interiorismo de Genialidades que recupera la estética clásica de las paradas y bares tradicionales de Barcelona, este nuevo local se perfila como parada obligada tanto para turistas como para vecinos del Born.
PARADA TORRES. Mercat de Santa Caterina. Av. de Francesc Cambó, 16.
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