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El restaurante se llama Moja el Gallo porque nadie, ni persona ni animal, puede resistirse a mojar la salsa que acompaña a las ancas de rana de este templo de un producto típico de La Bañeza (León). El condimento borbotea en la cazuela de barro en la que asoman manjares para los expertos en este plato y un enigma para quienes no las han catado. Las ancas se comen con las manos, para apartar los huesecillos y roer la tierna carne, blanca, suave, aderezada con esa salsa de regusto picante que, de una forma u otra, impera en los fogones del suroeste de León, con el río Órbigo como histórico proveedor de buena parte de este alimento que a tantas familias ha cubierto el hambre durante décadas. Ahora, con estos batracios protegidos por servir también de alimento a aves protegidas como las cigüeñas, la materia prima proviene de Asia, fundamentalmente de Vietnam, pero el gusto sigue atrayendo a la comarca a cientos de comensales con un único requisito: ancas de rana, por favor.
Ana Rosa Villazala atiende en Moja el Gallo que, en agosto de 2026, cumple 25 años funcionando con recetas tradicionales entre las que destacan las ranas, populares en muchos bares o restaurantes de la zona. “Es un público selecto, muchos solo vienen por ellas y alguno por la curiosidad”, comenta la cocinera, agradecida a clientes tanto locales, con mucho comensal de León o de Zamora, como catalanes o gente que va hacia Galicia y para en La Bañeza, a la ida y a la vuelta, a darse el gustazo. Históricamente la temporada de este anfibio transcurría “en cuanto empieza a hacer calor: de abril-mayo a septiembre”, de ahí que en La Bañeza se celebren en julio unas jornadas gastronómicas orientadas a esta receta.
“Todas tienen la misma base, pero cada una tiene su truquillo”, detalla Villalaza: mientras que en Galicia tienden a comerse rebozadas, en estos pueblos manda esa salsa deliciosa antes mencionada. Prepararla requiere algo más de dos horas, paciencia bien merecida al probarla, pues se realiza un sofrito lento, muy lento, pochando cebolla, pimiento verde, cebolla y unto, una grasa de cerdo que le da un toque delicioso, así como agua, harina y un poco de pimentón dulce y picante, todo en proporciones a gusto del chef. “El misterio son la salsa y la paciencia, no se pueden hacer en un momento; yo no tengo Thermomix”, explica la cocinera.
La salsa se pone al fuego en la cazuela de barro y en cuanto empieza a hervir, se ponen sobre ese lecho las ancas, que deben conservarse siempre en agua porque se secan y pierden textura. El tiempo de preparación se mide más a ojo que con reloj: unos 10 minutos, sí, pero sobre todo cuando de blancas pasan a amarillitas, casi como el color de una pechuga de pollo no demasiado frita. Hay quien dice que el sabor recuerda precisamente al pollo, aunque todo depende del paladar. Mejor darles una oportunidad para juzgar. La cazuela se aparta del fuego y el propio calor del recipiente y el moje les da el último punto antes de ponerse sobre la mesa, preferiblemente junto a pan de hogaza, para no dejar ni una gota del magistral mejunje que las acompaña, más allá de untar las propias ancas en su condimento, donde mucha gente pide que les escalfen un huevo para optimizar el sabor.
“Tenemos un grupo que viene todos los años y pide dos raciones para cada uno, vienen específicamente por ellas”, comenta la leonesa, quien en julio de 2025 dispensó 99 raciones, a 30 euros cada una, aproximadamente de 180 gramos. “Hay que pagarlo y la gente lo sabe, vienen igualmente, aunque el público es más bien mayor porque a los jóvenes, a veces, le dan asco las ranas”. Ellos se lo pierden, desde luego: son sabrosísimas. Todo acompaña ante el verano en este local en modo bodega, bajo tierra, fresco, acogedor y de estilo medieval con madera.
MOJA EL GALLO - C. la Vega, 2. La Bañeza (León). Tel: 987 643 343.
La ruta, confeccionada a base de preguntar a gente de la zona por sus recomendaciones, conduce a Hospital de Órbigo, conocida por su tradicional puente, por el paso por ella del Camino de Santiago y por el consumo de los anfibios. Allí se encuentra La Encomienda, donde Raquel Lorenzano muestra la imprescindible cazuela de barro con esa salsa naranja, similar a la de La Bañeza, y las ancas cocinadas en su interior. “De pequeños nos las vendían raneros de Santa Colomba de Somoza”, recuerda, aunque ahora la hostelería deba importarlas. La cocinera describe una receta “tradicional, estas cositas solo se pueden comer en estos sitios” tan valorados por sus fieles.
Allí acuden religiosamente, a su patio interior cubierto y también fresco, para catar tanto las ancas de rana como las alubias con almejas y sus míticas sopas de truchas, truchas de los ríos cercanos y elaboradas de mil maneras y todas ellas estupendas. “El cliente de las ranas es de media o alta edad”, coincide Lorenzano, contenta porque “sigue habiendo mercado, aunque sea un público selecto” y que siempre viene a por esa receta, no se les ocurre hacer otra.
¿Para qué innovar en aquello que funciona y que se ha comido bien toda la vida? Pues eso. Luego cada cocinero añade su toque personal o le pone un poco de perejil o una gota de ajo o un minuto más o menos al fuego, más motivos aún para tomarse con calma la ruta de las ancas y dedicarse a probarlas aquí y allá. Otras opciones bien cotizadas por los amantes de este plato son el restaurante Contracultura (Veguellina de Órbigo), La Zíngara (Restaurante Guía Repsol en Santa María del Páramo) o en Alborada (León ciudad). Para chuparse los dedos.
LA ENCOMIENDA - C. Álvarez Vega, 30. Hospital de Órbigo (León). Tel: 987 388 211.
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