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Nuestra ruta gastro por la capital aragonesa más festiva se articula alrededor del popular Tubo y cerca de la plaza del Pilar —punto neurálgico de la fiesta—, e invita a conocer la gastronomía zaragozana con una mirada singular. El recorrido presenta seis establecimientos, donde caben los argumentos culinarios más festivos: el momento del aperitivo, una buena comida, las mejores cervezas y un rincón del vino.
Le Cocó era una cafetería estilosa recientemente reconvertida en vermutería. Ahora, es ese bar de confianza, clásico y cercano, donde el “buenos días” y el “¿qué te apetece tomar?” están garantizados y donde se puede comer o cenar, aunque esta no es la razón de ser del proyecto, que pone el foco en ese vino o en esa cerveza que se toma “antes de…”. Aquí, los protagonistas son las banderillas, los vinagrillos, las gildas, las tablas de quesos, los embutidos y los montaditos. Pero también podrás encontrar cazuelitas de callos o de albóndigas.
Un detalle que llama la atención es el botellero, donde se muestran distintos vermús, que son la base de los cócteles de la carta: Negroni, Boulevardier, Dry Martini… Clásicos que no pasan de moda. Otra singularidad es la pequeña tienda que se mantiene de la etapa anterior donde, además de pan y focaccias, se pueden adquirir algunos productos que se sirven en esta vermutería.
LE COCÓ. Plaza de los Sitios, 1
Mario Cobretti ha hecho de El Truco, en el Tubo zaragozano, un paraíso de las croquetas. El surtido incluye las clásicas de jamón o bacalao, pero lo que realmente apetece es adentrarse en su curioso y variado recetario, que incluye ternasco con borrajas, olivas negras con anchoas, carrilleras al Pedro Ximénez, gambas al ajillo…
A Mario le cuesta hacer un ranking de las más populares, pero bien podrían ser la de huevo frito con chorizo picante de León, la de cecina leonesa con queso Picón, y la más disruptiva de todas: la de Jumpers. Un día se le ocurrió trasladar el sabor de este popular snack a una croqueta y en la actualidad elabora 5.000 a la semana servidas como ración en versión mini. La de caracoles con tomate no tiene tanto éxito, pero sí muchos fieles seguidores.
Todas las tapas y raciones son aptas para celíacos; también las croquetas. El gluten aporta a las masas textura y elasticidad, pero su ausencia es un detalle que no va en detrimento del resultado final. Por cierto, El Truco ha participado en ocho certámenes vinculados a este popular bocado y ha obtenido nueve premios. Todo suma, como el hecho de que se fríen al momento.
EL TRUCO. C/ Estébanes, 2. Tel. 976 055 753
Parada obligatoria, también en fiestas, es La Republicana, uno de los locales de tapas más populares del Tubo. Pero también es mucho más: es casa de comidas y lugar de encuentro, y al cruzar la puerta brilla, sobre todo, su condición de museo etnográfico, que no lo es, pero se asemeja bastante. En sus paredes da la impresión de que no cabe un recuerdo más. Sin embargo, su propietaria, María Jesús Lechón, desmiente esta apreciación. “¿Cómo que no caben más cosas? Si son originales e interesantes, se les hace un hueco”, confiesa.
Verbena de Tapas es el nombre de la propuesta de doce tapas —se puede pedir un surtido de seis— de La Republicana. Son todas las que ofrece esta popular taberna. Su precio es más competitivo que si se piden individualmente, y permiten resolver un picoteo festivo de forma sencilla y rápida.
Las tapas se presentan en una plataforma de tres pisos, como el tea time británico. Arriba, las frías y, abajo, las calientes. Bomba de patata rellena de carne, huevos republicanos, croqueta de jamón o bacalao, pimiento relleno, albóndiga al curry, migas con huevo de codorniz… Y una de las más populares: almendrado de espinacas. Mucho para compartir.
LA REPUBLICANA. C/ Méndez Núñez, 38.
Rústicco es el más gastronómico de los escenarios de esta ruta. Responde al concepto de restaurante clásico, cuya apertura, hace poco más de un año, es una de las que más ha llamado la atención en Zaragoza. Ha encajado bien en una calle que estaba gafada para la hostelería —junto a la plaza del Pilar, pero de poco tránsito—, así que ha contribuido a dar vida a la zona.
Su hilo conductor es la brasa, pero de la carta también merece la pena acercarse al recetario cocinado a fuego lento, como las lentejas con foie y cebolla asada, o la tortilla española con guiso de callos. El producto aragonés tiene un peso importante. Por ejemplo, en la croqueta de ternasco con alioli de humo, la borraja con patata y kokotxa de bacalao al pil-pil o la oreja con mojo de tomate seco de Caspe y lima.
En tan poco tiempo de andadura, la bodega Marqués de Riscal ha seleccionado a Rústicco para ser la primera embajada en España de sus vinos. Algo debe tener para merecer este reconocimiento. Probablemente, el hecho de estar tan céntrico, su alto nivel gastronómico y el enfoque local e internacional, que hace que reciba a muchos turistas españoles y extranjeros.
RÚSTICCO. C/ Santiago, 23.
La Oktoberfest más auténtica, la de Múnich, se celebra en esta cervecería zaragozana hasta después de las fiestas del Pilar. Markus, su propietario, ha conseguido todas las cervezas de esta cita menos una, Augustiner, la más pequeña y familiar, “que tiene una producción escasa y se queda en las seis carpas de Múnich”.
En botellín y en grifo, se pueden disfrutar Hacker Pschorr, HB, Löwnbräu Munchen, Spaten y Paulaner. Markus describe el estilo de estas cervezas como “una respuesta a las pilsen checas. Son amables, frescas, muy malteadas y poco amargas, pensadas para un trago largo”. Y para empaparlas, no faltan las típicas salchichas y la hamburguesa asada, que tiene muchos seguidores.
Durante las fiestas, Markus anima a sus clientes a acercarse vestidos con el traje bávaro, que incluye pantalones de piel, camisa típica de cuadros rojos y blancos, tirantes bávaros, medias altas de lana y el gorrito cervecero entre tirolés y bávaro. No obstante, él entrega a sus clientes un gorro para que estén ambientados y, entre otros detalles, pueden participar en el reto del vaso de cerveza de tres litros de Paulaner.
ALT MARKUS. C/ Heroísmo, 50-52.
Barrika es una de las últimas aperturas en Zaragoza… y de las más interesantes. Llega de la mano de una exquisita atención al vino. Ahí pone el foco con 150 referencias. Hay clásicos, muchos de Aragón, pero también del resto de España, y alguno internacional. En su búsqueda se han ido a bodegas no muy conocidas con la idea de que roten. Es lo que se pretende con los diez que se ofrecen por copas. Y otro detalle singular: casi el 40% son vinos naturales.
La apuesta por el vino es total; sólo hay una cerveza artesana y no hay refrescos ni café. La carta de comida gira alrededor de pequeñas raciones para compartir: desde unas almendras a caracoles gratinados, o una curiosa versión del típico sándwich de queso, sobrasada y miel. Y es que, en esta reinterpretación de un bar clásico de vinos, los socios tienen claro que la comida y la bebida deben funcionar al mismo nivel. El cómo la clientela se adapta al concepto es otra cosa. Puedes pedir unos platos y una copa de vino para cada uno, o elegir primero el vino y, en función de sus características, acompañarlo de diferentes ingredientes. Este es el espíritu de Barrika.
BARRIKA. C/ Heroísmo, 52.
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