Blesa

Blesa

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Ya desde lo lejos se reconoce la gran torre de Blesa. Este pequeño y bonito pueblo turolense cuenta con un precioso torreón en la iglesia de la Santa Cruz, levantada en el siglo XVIII y de estilo barroco. Debajo de todas estas piedras se esconden numerosas tumbas antiguas.

El viajero no se puede perder lo que queda de la ermita del Pilar, situada junto al cementerio y que fue muy dañada durante la Guerra Civil. Hay en Blesa también varios peirones repartidos por sus inmediaciones, el de San Jorge, la Burilla, San Bartolomé y los que dibujan el viacrucis en el camino del cementerio. El casco urbano alberga además varias casas cuya arquitectura representa el estilo popular utilizado entre los siglos XVII y XIX. Un plan original es la visita al Museo de la Carpintería y la Fragua, inaugurado en julio de 2004, con más de 200 piezas entre maquinaria y herramientas.

El agua es la protagonista en las inmediaciones de Blesa. Proveniente del río Aguasvivas, afluente del Ebro, este enclave natural está plagado de numerosos azudes (presas renacentistas), como el del Hocino, el del Vado y el de Galindo. Caminando por sus senderos encontramos el molino de la Cueva, encajonado bajo la montaña en el paraje de la Hoz del Hocino. Un entorno en el que el matorral y los pinares de repoblación son las plantas dominantes, junto a los campos de cultivo de cereal, almendro y vid. 

La mayor parte del patrimonio artístico y cultural de Blesa ha desaparecido con el paso del tiempo y las guerras. Sí se conserva un retablo gótico de la Santa Cruz, realizado en 1487 y gran valor artístico, pero que no se puede visitar en el pueblo sino en el museo de Zaragoza.

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