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Cabana de Bergantiños

Un tributo de tierra y agua

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Como decía aquel mensajero persa de la pleícula ‘300’, este municipio es “un tributo de tierra y agua”. Hasta su población sigue esta norma con su tradición de mariscadores, de agua, pero también de madereros, de tierra.  Por tierra llegaron pobladores de la Prehistoria y antiguos celtas que nos han dejado bien profunda su huella con el dolmen de Dombate y el castro de Borneiro. Los romanos también hurgaron en esa tierra para buscar oro en las minas de Corcoesto, aún en funcionamiento. Por otra parte, es una tierra que debía defenderse, y lo hizo mediante una red de fortalezas de entre las que hoy nos queda el pazo Torre da Penela. Y es una tierra religiosa con monasterios como el medieval de Candúas, la  ermita de O Espiño da Eirita, la San Fins do Castro o la iglesia parroquial de San Martiño de Riobó. Pero Cabana de Bergantiños también es agua: agua de la ría de Corme y Laxe, agua del océano Atlántico, agua que lame las dulces y virginales playas de San Pedro y de Rebordelo. Agua de mar a cuyas orillas de tierra blanca se encuentra la ensenada de la Insúa donde se encuentra el mirador de A Fernandiña. Agua que al discurrir bendice a esta localidad que a pesar de formar parte de la Costa da Morte, posee un relieve poco accidentado y alejado de los contiguos acantilados.

 

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