Un hechizo de monte, verde y  tierra hace que Cinctorres desprenda vida por los cuatro costados. Ubicado en plena meseta valenciana, esta pequeña localidad se erige sobre las extensas praderas castellonenses con el mayor de los orgullos. Antaño, hogar de dinosaurios, no en vano el museo etnológico municipal alberga varios fósiles de los mismos, ha sabido sobrevivir sin perder su aroma. Ese aroma rural que la hace tan mágica y especial. Tanto como la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, neoclásica y del siglo XVIII, la Casa Consistorial, de remarcado estilo gótico, o el impresionante Palacio de San Juan. La Casa Capellanets  o la del Fidebé también reclaman su cota de protagonismo en un territorio que, en la última semana de agosto, se viste de gala con la llegada de sus fiestas patronales. El mejor colofón para un lugar que hechiza incluso a las mejores magos.

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