Monreal del Campo

El pueblo morado de azafrán

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Varias largas calles dan entrada al centro antiguo de Monreal, uno de los municipios más importantes de la provincia. No hay pérdida para el visitante porque la solitaria torre campanario sirve de punto de guía. La edificación actual se asienta sobre un montí­culo que es, exactamente, el lugar de origen de Monreal. En él se construyó por orden de Alfonso I el Batallador un pequeño castillo que, a principios del siglo XII, constituí­a un puesto de avanzada en la amplia llanura del Jiloca. Del viejo castillo no queda nada, pero desde la base de la torre puede adivinarse, en la alineación de las calles colindantes, la planta del castillo y sus murallas, también desaparecidas.

En el casco antiguo hay varias casas señoriales aragonesas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Una de ellas es muy especial: la sede del Museo del Azafrán, el orgullo de los monrealenses. Allí se albergan más de 150 herramientas y utensilios que se empleaban en el siglo pasado en el cultivo y comercialización del azafrán. Esta especia sigue estando presente en algunos platos tradicionales monrealenses. Su variedad, ‘Crocus Sativus’, ha sido nombrada como el mejor azafrán del mundo.

Otro lugar recomendable para los visitantes son los conocidos como Ojos del río Jiloca, una zona donde las aguas subterráneas salen a flote formando únicos embalses ovalados (de ahí su nombre de ojos). Estos constituyen el nacimiento natural del río Jiloca. Como curiosidad, en el fondo de estos acuíferos se halló uno de los arsenales más grandes de España de explosivos de la Guerra Civil.

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