Peñarrubia

Peñarrubia

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En busca de la frontera con Asturias, al norte, en un viaje a vista de pájaro, Peñarrubia combina las verdes praderas y los bosques autóctonos de su comienzo, entre Cicera y Piñeres, con el impresionante desfiladero de La Hermida, visitable desde el Mirador de Santa Catalina, al que se llega desde Piñeres. Peñarrubia se caracteriza, pues, por un paisaje agreste, practicamente no humanizado si no fuera por esa carretera N-621 que se construyó en el fondo de la citada garganta que el caudaloso y salmonero río Deva abrió durante milenios.

Ese paisaje puro de Peñarrubia es ideal para la práctica del senderismo. La ruta que va de Cicera a Braña de los Tejos es uno de los recorridos de montaña más espectaculares de toda la Cordillera Cantábrica y del máximo interés botánico. En el paseo se puede disfrutar de todas las especies autóctonas de bosque cantábrico. Castaños, robles, hayas, serbales de los cazadores, fresnos, acebos, abedules y tejos se reparten en las ascensión para concluir en un paraje natural único, la Braña de los Tejos, quizá el único lugar de todo el continente europeo con tantos tejos en estado natural, muchos de ellos milenarios.

Ya en Linares, y restaurada recientemente, la Torre de Pontón constituye uno de los monumentos medievales más representativos de Cantabria occidental, con una presencia imponente y unas vistas espectaculares desde lo alto de la atalaya.

Aunque está en ruinas, La Hermida mantuvo entre los siglos XIX y XX un importante balneario con su Gran Hotel adyacente que atendía las necesidades de quienes buscaban los beneficios de sus aguas termales. Hoy en día se está estudiando su reapertura.

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