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Vilaller

Enclavado en el medievo

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El puente medieval, que aún conserva íntegra una arcada, unió antiguamente las dos partes en las que el río Noguera Ribagorzana divide este pueblo, capital del glaciar valle de Barrabés. Juglares, mercaderes y caballeros es lo que se podría esperar ver al pasear por el casco histórico de la localidad, llamado Cap de la Villa, que conserva restos de las antiguas murallas del s. XI que protegían el municipio, y por cuyas calles se llega hasta la prisión del s. XVII, la más antigua de Lleida.

En el centro del pueblo, muy cerca del ayuntamiento, nos saluda el campanario octogonal de  la iglesia de San Clemente, construida en el s. XVII sobre los restos de un antiguo templo románico del que se conserva alguna arcada y elementos interiores. En busca de paz y sosiego, un camino a orillas del río llevaba hasta el santuario de Ruipedrós, donde los habitantes del pueblo veneraban la imagen de la virgen en la ermita original del S.X y donde hoy podemos ver una nueva edificación construida en los años 70 del s. XX. Un lugar lleno de tradiciones, como por ejemplo, la que tenían los vilallerenses para ahuyentar a los espíritus, consistente en bajar fallas encendidas desde las montañas, y con la que inauguraban una de las fiestas más singulares de la localidad y de gran tradición junto a la romería de San Urbano, en la que el ayuntamiento da pan y vino a los asistentes.