Ruta perruna por los acantilados de la Breña de Barbate

Tocando el cielo con las patas

El brillo del sol sobre el mar desde un mirador de la Ruta de los Acantilados.

Nos adentramos en los pinares de la Breña para descubrir una torre vigía, acantilados de vértigo y playas donde casi se toca Marruecos con las manos, acompañando a una inseparable familia perruna al bautismo playero de uno de sus miembros.

La Ruta de los Acantilados une Barbate con la playa de Caños de Meca, un recorrido de unos 12 kilómetros (tres horas y media aproximadamente) entre pinares y brisa marina que tus perros olfatearán encantados. Si se hace por la mañana terminarás justo a tiempo para tomar el desayuno en el bar 'Rajamanta', junto al paseo marítimo y el faro de Barbate, donde los canes podrán descansar en la terraza.

Hay dos opciones para hacer la ruta: la primera, si eres senderista de vocación, puedes empezar desde Caños de Meca, haciendo el recorrido completo hasta Barbate, o bien, subir por la carretera de Caños hacia Barbate, dejar el coche en el aparcamiento señalizado como "sendero de los acantilados" (queda a la derecha de la carreta) y comenzar la excursión desde ese lugar, con lo que ahorrarás un buen trecho campo a través, sin perder ni un solo detalle. De esta forma se tardan unas dos horas. Recomendamos llevar agua abundante y algo para picar y reponer fuerzas a mitad del camino y por precaución.

Comenzando la ruta con la playa de La Hierbabuena y el puerto de Barbate a sus espaldas.

Los piratas berberiscos del norte de África bautizaron la zona con el nombre de Caños de Meca por la abundancia de agua que brota en forma de caños desde las rocas calizas. Por todo el recorrido hay manantiales de aguas subterráneas que contrastan con la sequedad del terreno. No es de extrañar que alucinaran con las vistas. Casi se puede tocar Marruecos con las manos. Y aunque hagas esta ruta cientos de veces (cada estación es más hermosa que la anterior y los pinares y el mar desde los acantilados ofrece una estampa diferente) al ver Tánger en el horizonte en los días despejados, sentirás eso de estar muy cerca pero lejos culturalmente, como ese vecino que, a pesar de tenerlo puerta con puerta, ni si quiera sabes su nombre.

El sendero comienza en la playa conocida como La pequeña Lulú, entre la playa del Pirata y la cala de Los Castillejos. Hay un mítico bar con ese nombre, donde se reúnen los surfistas y los hippies, y al que puedes ir con perro. Está abierto de 13:00h a 23:30h. Tiene una cocina japo-andaluza espectacular, al igual que los baños de lodo natural que puedes tomar directamente de la playa, cogiendo el barro con tus manos. Desde ahí comienza el ascenso por el sendero que va tomando altura hasta que se empiezas a sentir el vértigo entre pinares.

Con Selu sobre el sendero de arena de dunas en la subida de Los Caños.

Al comenzar la ruta en la playa, Yosi, un mestizo bichón maltés, hoy el hermano mayor de la familia perruna, mira feliz el mar. Podría parecer una tontería, pero los que tienen perro conectan tan fuertemente con sus animales que a veces pueden sentir lo que piensan: A Yosi lo encontraron abandonado en la zona hace 10 años. Cada vez que pisa esta tierra, uno de sus destinos favoritos, se pone de cara al mar, olisquea y sonríe. No hay duda de que está diciendo: "Ya estoy en casa".

En Barbate no es algo explícito, pero en casi todas partes permiten entrar con tu perro, el único requisito es mostrar educación y civismo. Lo demás viene solo. En verano incluso las terrazas no te pondrán problema y encontrarás playas concretas y también zonas en las que los perros pueden estar sin temor a ser rechazados, como la playa de la Yerbabuena, el final de la playa del Carmen (en el pueblo, junto a la Lonja Vieja, donde puedes ver algunos antiguos barcos abandonados) o la playa "del Retín" (conocida como "los militares", es una zona de maniobras del ejército que permite el acceso a la misma en los meses de verano. Está saliendo de Barbate hacia Zahara de los Atunes, y es altamente recomendable). El único sitio donde pueden llamaros la atención es en la playa del paseo marítimo. En las terrazas de los bares no hay problema.

La familia perruna descansando sobre la arena con el molino y el acantilado al fondo.

Un sendero de arena de dunas

La arena fina de las enormes dunas formadas por el efecto del viento y las mareas se cuela en las patas del grupo que comienza a ascender animado entre pinares. El Pinar de la Breña es un parque natural que fue repoblado con pino piñonero en el siglo XIX para evitar el avance de las dunas. Es un lugar muy frecuentado por los habitantes de la zona pero desconocido para muchos viajeros.

Ciclistas y corredores pasan a un ritmo más marcado sin poder evitar fijarse en Selu, el hermano menor de los perros que hace esta ruta. Sus impresionantes orejas puntiagudas y ese pelaje a medio camino entre perro de agua y bobtail lo convierten en un ejemplar de orígenes intrigantes. La gente incluso se detiene para hacerle fotos. A él le da igual. Es la primera vez que viene al mar y está entusiasmado con los olores.

Ya en la parte más alta de la ruta de los Acantilados.

Se unió a esta familia perruna hace algo más de un año. Venía de un refugio. Era y es un cachorro. Pero su desbordante energía y su simpatía ha hecho que la familia se quite diez años de encima. Va saltando, olisqueando, revolcándose. Le encanta correr y como en la ciudad no puede hacerlo, su familia se dedica a viajar cada vez que puede.

Su carácter es justo el contrario que el de su hermano mayor, Yosi, que es la paz 'perrunificada'. Durante la ruta, Yosi va marcando el camino, se nota que está en su terreno y que conoce el lugar. Selu le sigue, no lo pierde de vista ni un segundo, corretea a su alrededor y acude veloz si ve que Yosi se detiene a olisquear. Ladra para retomar la marcha. Miran el horizonte, siguiendo a las gaviotas con la mirada. De vez en cuando van hacia su compañera humana en busca de agua y alguna que otra chuche.

Desde el mirador los días despejados se puede ver Tánger.

Miradores y vistas de infarto

Mientras se asciende, el trayecto está salpicado de miradores, desde donde se aprecian a lo lejos el tómbolo y el faro de Trafalgar, lugar histórico donde tuvo lugar la famosa batalla entre la armada inglesa y la francoespañola en octubre de 1805. Justo al lado del faro, aparcando el coche en la avenida de Trafalgar, hay otro garito mítico de la zona, el bar 'Las Dunas', es también un lugar donde los perros son bienvenidos (eso sí, si van con correa).

Se puede ir allí por la tarde y aprovechar para ver una de las puestas de sol más bonitas del mundo. No hay persona que visite los Caños sin pasar por 'La Dunas' y llevarse la legendaria pegatina verde para el coche. Desayunos, cafés a media tarde y conciertos al aire libre, mercado artesanal incluido, constituyen la oferta del lugar. Es importante que tengas en cuenta que hasta la Torre del tajo no hay barandillas que protejan de los precipicios, ten cuidado. En el pueblo, se cuentan leyendas de amantes que se tiraron al mar por un amor imposible y de fantasmas de marineros despeñados por el acantilado que dan un aire místico al lugar.

Yosi olfatea el mar. Fue encontrado en la zona hace diez años y parece decir todo el tiempo: ¡De nuevo en casa!.

A mitad del sendero se alcanza el punto álgido del recorrido, la Torre del Tajo. Fue construida por Felipe II en el siglo XVI y formaba parte de una serie de torres de vigía que el monarca ordenó construir para proteger la zona de la piratería. Estos ataques bereberes hicieron que Barbate y la zona de la Breña fuesen lugares despoblados hasta la construcción de estas torres de vigía.

Es el lugar perfecto para hacer una parada. Después de casi cuatro kilómetros, la familia perruna comparte un bocadillo entre todos. Yosi, que ya es mayor, se tumba en la sombra a descansar, mientras Selu juega a mordisquear una piña. Aquí podrás tomar algunas fotos porque puede verse una roca aislada en los acantilados, que la gente del lugar llama la 'piedra aislá'.

El sol tras el molino, a cuyos pies se puede hacer un pequeño descanso.

En los días de marea baja se puede llegar hasta ella desde la playa de la Yerbabuena y ver también el Sillón de Dios, otra roca con forma de silla gigante desde donde se observa el horizonte infinito. También salen barcos que hacen el mismo recorrido por el mar, aunque por el momento no admiten perros a bordo.

De vez en cuando, se celebran conciertos en este mismo lugar. Quienes asisten bajan a Barbate con los pelos de punta, sintiendo en sus propias almas el síndrome de Stendhal, una reacción romántica ante tanta belleza y exuberancia.

La energía que derrocha Selu no decae durante todo el trayecto. Aquí, junto a la Torre del Tajo.

Es recomendable seguir el sendero antes de que apriete el calor. Quedan unos tres kilómetros y te espera un trayecto suave, una bajada desde la que empezarás a divisar la playa de la Yerbabuena y el puerto de Barbate, final del sendero. La playa de la Yerbabuena es también conocida como playa del Chorro, porque a pocos metros, escondido en la maleza, se encuentra otro manantial de agua dulce al que acuden los barbateños a recoger agua para su consumo. Aquí los perros podrán beber agua y refrescarse, justo antes de bajar a la playa.

La ruta comienza a descender y la familia perruna busca el famoso Chorro en las proximidades.

Desde la playa, fotografiada y pintada mil veces, estandarte de Barbate, se puede ver a la derecha todo el recorrido de los acantilados, la torre a lo lejos, y un viejo molino de agua. A la izquierda, el puerto deportivo y las enormes anclas de la almadraba. En esta playa podrás estar con tus perros (aunque preferiblemente a primera y última hora del día). Es una playa salvaje, un verdadero paraíso, que no cuenta con ningún tipo de servicio ni socorristas, tenedlo en cuenta.

Después de este trayecto, darse un chapuzón en la playa de la Yerbabuena no tiene precio. Selu acaba de descubrir el mar… Corre con Yosi como si no hubiera un mañana, acercándose a la orilla, persiguiendo a las gaviotas y cavando en la arena, mostrando su naturaleza perruna en total libertad.

Selu disfruta de la playa, un paisaje novedoso para él; y Yosi y Noelia le acompañan en esta feliz jornada de bautismo.

Si tomáis el desayuno durante el trayecto, hay una zona recreativa conocida como 'Los Majales del Sol', en cuya terraza también se puede estar con los perros y disfrutar de la zona de pinares que conduce a la pedanía de San Ambrosio y Vejer de la Frontera. Se llega de forma muy fácil por la carretera de Barbate a Los Caños, está señalizado.

Pero lo mejor es darte una vuelta por el pequeño Puerto Deportivo y  sumergirte de lleno en el ambiente pesquero; en el mismo puerto hay un pintoresco bar (el 'Chechu') donde paran los marineros antes de salir a la mar. 'Chechu' te pondrá unas tapas humildes pero riquísimas (calamares rellenos, carne en salsa, pescaíto frito…) acompañadas de unas cañas y mil historias de barcos. Bueno, bonito y barato.

Una vez terminada la ruta, tomadas las primeras cañas y repuesto fuerzas, visitar el restaurante 'Rufo' en el paseo marítimo y probar sus platos típicos (ensaladilla de pulpo, calamares rellenos, albóndigas de chocos, ortiguillas, montaditos de atún o el singular gazpacho con hierbabuena) pueden poner el broche final a un perruna mañana de vértigo. Simpatía, buenos precios y servicio excelente que te dejarán con ganas de más.

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