La ruta de la Isla en Córdoba

Remando por el "Amazonas cordobés"

Bañarse en un río manso de aguas limpias, rodeados de vegetación, con sombra, y donde te saltan los pájaros desde los árboles es posible en ¡Córdoba! A solo 15 minutos de la capital, en Villafranca, la Ruta de la Isla es un planazo para todos los públicos (incluidas las mascotas), en el que, a bordo de canoas, se recorre un tramo del Guadalquivir que a veces recuerda al Amazonas.

Cualquiera diría, avistando este paisaje sobre el Puente del Hierro, a la entrada de la localidad de Villafranca, que estamos a solo 15 minutos de Córdoba ciudad. Incluso hay quien viene hasta aquí en bicicleta. Y a pesar de la proximidad, el paisaje ha dejado de ser asfalto y humo para adentrarse en el corazón de la ribera del Guadalquivir: un bosque de álamos blancos, chopos, olmos, sauces y fresnos, cuyas copas mueve la brisa que peina el cauce del río y donde el trinar de los pájaros es la banda sonora.

Paseando por el Puente de Hierro, sobre el río Guadalquivir, construido a principios del siglo XX, hoy una zona peatonal.

Este es un tramo del Guadalquivir de aguas limpias y tranquilas donde viven las nutrias, las comadrejas, los galápagos… pescan los garzas comunes y las reales y anidan hasta 30 tipos de ánades. Como un pequeño pedazo del Amazonas que parece increíble que en una provincia que, de entrada, algunos imaginan seca y casi desértica en verano.

Remar en una canoa mecidos por este paisaje nunca será lo mismo que hacerlo en medio de la ciudad o en un pantano. Aquí te asaltan los pájaros y te puedes bañar en aguas limpias. Además, el aparcamiento junto al río es accesible y está a un corto paseo del embarcadero, por lo que traerte tu propia nevera para hacer después un pícnic o hacerlo en la misma ruta, en la parada en la isla, no exige un esfuerzo extra.

Los monitores de 'TNT Aventura' descargan las canoas para la ruta junto al embarcadero.

Un pequeño bocado del Amazonas

¡Bienvenido a la Mancomunidad del Guadalquivir!, señala un cartel a la entrada. A través de un sendero peatonal del Área Recreativa Fuente del Río, en menos de 5 minutos, llegamos caminando al embarcadero, atravesando un pequeño parque infantil con merenderos, donde los villafranqueños pasean y disfrutan del río y donde la temperatura ya ha pegado un bajón importante de 4 o 5 grados con respecto a la capital.

Huele a higos de las higueras (un clásico aroma de la apertura del verano) y el brillo del sol sobre las aguas, a esta hora de la tarde, crea unos destellos intermitentes que parecen un código morse que aún no hemos aprendido a descifrar. Tal vez el pescador que atisbamos en una orilla del río sí lo conozca. Francisco Simón viene todos los días a pescar carpas que luego suelta de nuevo en el río. Es un pasatiempo que le da la vida. Su meditación.

Una pareja comienza a remar siguiendo las indicaciones. Todo el material está desinfectado y limpio.

A medida que descendemos hacia el embarcadero vemos al equipo de 'TNT Aventura', formado por María del Mar Berbén, la responsable, y tres monitores más, uno de ellos Fran, de 'Montiaventura' –otra empresa de turismo de aventura que le da también cobertura–. Están bajando las canoas de la camioneta y colocándolas en orden para repartirlas al grupo que vamos a realizar la Ruta de la Isla: un padre con un niño de cinco años, un grupo de amigos y un chico con su perro de agua… Esta ruta circular que le da la vuelta a una isla, en medio del río, dura una hora y media y es apta para todo tipo de públicos. Es más, la adaptan sobre la marcha a cada perfil de visitante según sus expectativas.

María del Mar explica las nociones básicas para remar en canoa ya en el agua, manteniendo la distancia social.

El agua del río tiene un color verdoso, pero está limpia. "Es por el fondo de limo que tiene el río por este tramo, porque estas aguas están súper limpias. El hecho de que vivan las nutrias es un indicador de la calidad de las aguas", nos explica María del Mar Berbén, quien fundó hace ya más de 20 años 'TNT Aventura' para surcar las aguas del río Guadalquivir con el objetivo de que la gente disfrutara de los paseos por el río en plan turístico. "Cuando yo empecé ni si quiera había canoas en España. Tuvimos que ir a comprarlas a Francia", recuerda.

Freddy, que no ha dejado de bañarse desde que llegó a la isla, salpica a Curro que aún se lo estaba pensando.

Ella y su equipo han diseñado personalmente esta ruta: "Nosotros limpiamos el río de troncos; hemos preparado la playita de la isla; sabemos cuándo hay que navegar por un lado o por otro del río; controlamos por dónde sopla el viento, por dónde va el canal de navegación… porque todo esto son técnicas que hay que conocer para ofrecer al público una experiencia segura y gratificante", explica mientras prepara el dispositivo poscovid para recibir a los participantes, que ya van pasando de cuatro en cuatro por la mesita que han montado para repartir el material, todos con mascarilla, como el propio equipo de monitores y salvando las distancias de seguridad.

Cada oveja con su pareja

A cada uno de los participantes se le va dando la pala adecuada a su tamaño para remar, un chaleco salvavidas y una bolsa por si quiere llevar algunas cosas. Todo está bien desinfectado según nos explican, con una mezcla con vinagre, bicarbonato y esencia del árbol del té que fabrican ellos mismos, asesorados por biólogos de su confianza para no dañar el ecosistema en torno al río y el propio material.

En la superficie del río centellean los reflejos del sol creando sorprendentes efectos y contrastes con la arboleda que acaricia el río con sus ramas.

"Tenemos canoas de diferentes modelos. No todo el mundo va bien en los mismos. Son canoas polivalentes, pensadas para el turismo, donde caben dos o tres personas, en algunas incluso cuatro. Lo más cómodo son las de dos personas pero, si por ejemplo, viene un adulto con dos niños le damos una triple", comenta María del Mar. "También valoramos el peso de cada uno y decidimos quién se sienta detrás y quién delante. Incidimos mucho en los temas relacionados con la navegación porque nosotros no solo somos alquiladores de piraguas. No se trata solo de dar una vuelta, sino de hacer una ruta y por eso es importantísimo que vayan cómodos", explica siempre con una sonrisa María del Mar, cuya empresa fue pionera en turismo náutico en Andalucía hace ya 23 años.

Francisco Simón, un pescador y vecino de la próxima localidad de El Carpio viene cada día a pescar carpas que luego vuelve a soltar en el río.

Poco a poco vamos entrando todos al agua en la canoa correspondiente y con el correspondiente remo. Es emocionante. Vamos a remar por este río ancho en busca de todo lo que vaya saliendo a nuestro paso. "El de adelante va remando y marca el ritmo y el de atrás copia y marca el rumbo", explica Fran, el monitor que me acompaña y que me va dando algunas explicaciones de cómo funciona el remo. Nada más salir al agua con nuestros particulares vehículos ya hay alguien que se atasca y es incapaz de darle rumbo a la canoa.

Mientras lo intentan se parten de risa. "Las piernas flexionadas", comienza a indicar María del Mar, que es la última en entrar en el agua en una canoa individual, desde donde nos irá dando algunas instrucciones y nos hará de cicerone a través de las bellezas del río: vegetación, curiosidades, fauna… "Que levante la pala quien no haya remado nunca", pregunta. "Bien, la pala tiene dos partes, la pértiga y la cuchara…", y así en unos minutos nos instruye en los elementos básicos, cómo hay que hacer para frenar, cómo para dar la vuelta…

La vegetación acompaña toda la ruta a lo largo de la ribera: álamos blancos, chopos, olmos, sauces, fresnos.

Una vez que termina la explicación salimos todos juntos. Poco a poco vamos cogiendo velocidad mientras el sol brilla creando unos destellos intermitentes sobre la superficie del agua que nos acompañarán toda la ruta. De vez en cuando, con una palada, el agua te salpica y se agradece. Es refrescante. Además, la canoa tiene unos pequeños agujeros a cada lado por donde entra un poco de agua que lentamente te va mojando el trasero. Sí, también esto te refresca. "Estos agujeritos son para que si entra el agua la canoa se vacíe sola", explica Fran, que está pendiente de todo.

Este tipo de canoas, diseñadas para pasear y hacer turismo náutico, tienen muchísima estabilidad

María del Mar, que va en cabeza, nos indica la próxima parada. Es una especie de salida del cauce principal, muy estrecha, cubierta por una bóveda de hojas y presidida por un gran álamo blanco, que agita sus hojas, en la entrada. El envés de las hojas es plateado, de ahí su nombre. Además, sus ramas acarician las aguas del río y parecen darnos la bienvenida. "Entrad por aquí", señala María del Mar. Este es el arroyo Guadalatín. Aquí es donde viven las nutrias. Marina Nutria, como lo llaman los monitores de la ruta Ahora no están porque habrán ido al embarcadero a comer.

La Ruta de la Isla discurre por un tramo del Guadalquivir de aguas mansas y profusa vegetación. En los juncos de la imagen habitan varias especies de patos.

En este estrecho sendero acuático cubierto de lianas y de ramas, de dos kilómetros de profundidad, parece que estuviéramos en el Amazonas. El sonido de las copas de los árboles se hace muy presente. El agua está súper limpia. Es una gozada. ¿Estamos en Córdoba o en Iquitos? "Un río limpio no es el que tiene las aguas cristalinas", comenta María del Mar. "Eso sucede cuando hay rocas en el fondo. En este tramo del río vamos a encontrar hasta tres tonos pero es el efecto del color del fondo. Y el de este fondo, que es de limo, le da al agua este aspecto verdoso, aunque si comprobáis con la mano el agua está limpísima".

Antonio con su perro de aguas, Freddy, acaban de embarcar. Esta ruta es apta y recomendable para mascotas amantes del agua.
Antonio con su perro de aguas, Freddy, acaban de embarcar. Esta ruta es apta y recomendable para mascotas amantes del agua.

Salimos del Amazonas cordobés de nuevo al cauce principal. El sol va cayendo y entre las ramas los efectos del sol vuelven a deslumbrarnos con su belleza. Lentamente, remando, pasamos al lado de un tronco que flota en el río, un tronco gigante con forma como de cocodrilo. Se nota que todo el grupo ya se encuentra cómodo remando, como si lo hubiera estado haciendo toda la vida. "Estas canoas no tienen peligro de que vuelquen. Incluso te puedes poner de pie. Y si eso ocurriera llevamos el chaleco y estamos en un río que por esta zona es muy manso. Por eso esta ruta la hacemos con todo tipo de públicos, incluso personas de la tercera edad", nos comenta uno de los monitores.

Este tramo del río se encuentra a los pies de Sierra Morena.

Con el atardecer, los pájaros comienzan a hacer su aparición. Un águila nos sobrevuela moviendo la cola elegantemente para planear. Ya casi estamos en la isla. A cierta distancia vemos un tronco enorme en el agua, con unas ramas muy gruesas. Es el famoso troncolín, desde el que salta la gente al agua. Conforme nos acercamos, unas garzas reales hacen su aparición. Y al fondo una familia de patos levanta el vuelo cuando nos ve venir a todas las canoas juntas. Acabamos de dejar a un lado las ramas de eucalipto donde se suelen subir los galápagos, que tal vez por el ruido no están tomando el sol a la vista. 

Fernando y Curro se adentran en el río remando. El agua está limpia, a pesar de que el fondo es de limo y de un color verdoso.

Vamos todos en formación, a un ritmo considerable, disfrutando del paisaje y del brillo del sol sobre el agua. El ejercicio de remar es de lo más gratificante para el cuerpo, se mueven todos los músculos. Se tonifica la espalda."¡Mirad, un martinete!", comenta uno de los monitores. "Va saltando hacia delante del grupo, y cada vez que nos ve acercarnos se adelanta y parece que nos espera" y mientras dice esto sale a nuestro encuentro otro tipo de ave, un martín pescador que se lanza contra el agua y levanta el vuelo sin recompensa (por esta vez).

Dos de los remeros aprovechan para saltar desde el troncolín al agua.

El cielo azul cargado de nubes blancas con formas dispares y divertidas, el verde de los árboles y el río componen la postal perfecta. Dan ganas de hacerse con una de estas canoas y venirse todos los día un rato a remar y a desconectar de la ciudad. Finalmente, atracamos en la isla, un pequeño promontorio de arena como de playa, donde nos bajamos para merendar y estirar las piernas.

Algunos del grupo aprovechan para bañarse (el perro de aguas entre ellos) y otros se hacen cientos de fotos: los monitores nos han dado una funda de móvil plastificada para aquellos que han querido llevarse el móvil con el fin de dejarlo todo registrado. Después de un buen rato en medio del río, conversando y comentando todo lo sucedido, iniciamos el último tramo de esta ruta circular. Para ello, según nos indica María del Mar, es necesario ir pegados a la orilla donde hay mucha menos corriente que en la parte central del cauce. Así remar será mucho más fácil.

En la isla el grupo de participantes comparten impresiones sobre la ruta. Ya solo queda el último tramo.

Casi ya como profesionales llegamos remando al embarcadero convertidos, sin darnos cuenta, en una especie de equipo de remo. La salida del agua no es menos divertida. Risas, chapuzones, chistes… El equipo de monitores contribuye a ello. Mientras tanto, Fran de 'Montiaventura' nos va dando las indicaciones para quitarnos los chalecos y las palas y dejarlos sobre la canoa. "Ahora toca desinfectarlos bien", comenta.

Salida del arroyo Guadalatín, un entrante estrecho de 2 km cubierto de lianas y bóvedas vegetales.

Al salir del agua, el benjamín del grupo, Curro, avisa de que el fin de semana siguiente vendrá con su madre y con su hermana. Esto ha sido solo el comienzo… Nos reímos, pero en realidad todos los participantes coinciden en indicar que repetirán seguro. No será esta la última vez que vengamos a disfrutar de este pedacito de Amazonas cordobés remo en mano.