El Camino a Finisterre es todo un homenaje a la naturaleza gallega en el que prados, montes y ríos se conjugan en una armonía que impulsa los pasos del peregrino que recorre este Camino inverso. A lo largo del recorrido hasta el fin del mundo se suceden los hórreos, las famosas vacas gallegas y los lugares en los que degustar alguno de los mejores manjares que da esta tierra.