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El helado de turron de Diego Verdú es una seña de identidad gastronómica de Oviedo.

Descubriendo la Heladeria Diego Verdú (Oviedo)

Diego Verdú, en Oviedo: de aquellos turrones, estos helados

Actualizado: 08/07/2026

Fotografía: Pedro Reguera

La vetusta Heladería Diego Verdú, en Oviedo, está ya más cerca del bicentenario que del centenario. Lo que comenzó hace casi 150 años con un joven turronero llegado desde Jijona (Alicente) se ha convertido en una seña de identidad gastronómica de la capital asturiana.
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Las largas colas que se forman año tras año frente a la heladería Diego Verdú Monerris, en la calle Cimadevilla, número 7, en pleno casco antiguo de Oviedo, son ya parte del paisaje veraniego —y no tan veraniego— de la ciudad. Almendra, miel y azúcar. Basta esa tríada elemental, transformada en turrón, para explicar por qué cada verano miles de ovetenses y turistas se decantan por esta heladería y no por otra. Son precisamente esos pequeños trozos de turrón, ocultos deliberadamente en cada porción de helado, los responsables de activar en el cerebro la liberación de dopamina, asociada, entre otras cosas, al placer y la felicidad.

Jesús Valdés es la quinta generación en la heladería-turronería.
Jesús Valdés es la quinta generación en la heladería-turronería.

Una historia centenaria

La historia de esta heladería no nace en el siglo XXI, ni siquiera en el XX. Hay que remontarse a finales del XIX, concretamente a 1876, cuando un joven alicantino, Diego Verdú, se subió a un carruaje en Jijona y viajó hasta Gijón para recoger allí el cargamento de turrón. Aquel turrón se producía en su pueblo durante el otoño y se enviaba en barco hasta Asturias para venderlo después en Oviedo. Pero el caso de este joven emprendedor no fue único. Fueron muchos los jijonenses que en esa época se repartieron por la península para vender turrón. Y aunque la campaña de Navidad empezaba a finales de octubre y se alargaba hasta el día de Reyes, Diego Verdú le cogió gusto a Asturias y decidió prolongar su estancia dos meses más. Por eso, cuando a principios del siglo XX sus paisanos jijonenses empezaron a elaborar helados con el turrón sobrante de las Navidades, lo tuvo claro.

El de turrón es el helado estrella, pero hay muchos más sabores.
El de turrón es el helado estrella, pero hay muchos más sabores.
Hay quien prefiere tomarse el helado en tarrina.
Hay quien prefiere tomarse el helado en tarrina.

Hacer helados a principios del siglo pasado era algo muy distinto de cómo se hacen hoy. Se utilizaban grandes cubas de madera, que se llenaban con hielo, agua y sal. Dentro se introducía otra cuba de metal, que se hacía girar manualmente hasta conseguir la textura deseada. Era un proceso artesanal y diario, donde el producto se elaboraba en el mismo día y se exponía después sobre grandes bloques de hielo. Hoy, las mantecadoras han sustituido a las cubas de madera y el congelador, al hielo y la sal. Pero la receta permanece prácticamente intacta 150 años después. “Nosotros sólo usamos almendra Marcona, calibre 14/16, sin trozos, para evitar que pierda sus aceites naturales”, explica Jesús Valdés (Oviedo, 1986), quinta generación en la heladería-turronería.

Bombones helados de distintos sabores.
Los bombones helados, en distintas variedades y sabores, son una novedad.

Nuevos sabores

Cuando hace 18 años Valdés, tataranieto de Diego Verdú, comenzó a trabajar en el negocio familiar, los helados se limitaban a los sabores clásicos de vainilla, chocolate y fresa. Jesús Valdés, que aprendió el oficio de su madre y de sus tíos, pronto comenzó a interesarse por la formulación de los helados, hasta cambiar prácticamente todas las recetas. Todas salvo una, la de turrón, cuyo sabor forma parte ya del subconsciente culinario de esta ciudad asturiana.

Conos, también de chocolate.
Conos, también de chocolate.

Fue el libro de Angelo Corvitto Los secretos del helado, el que le llevó a incorporar sabores entonces poco habituales, como el de mango. Sólo en la campaña de 2025 la heladería llegó a utilizar 1.500 kilos de esta fruta tropical. Otra incorporación nacida casi por casualidad fue la de los bombones rectangulares bañados en chocolate, una elaboración más asociada al helado comercial que a la heladería artesana. En Verdú, sin embargo, han sabido llevarla a su terreno y adaptarla a las tendencias actuales. Es el caso del pistacho, uno de los sabores más demandados de los últimos años, que elaboran con la variedad de Bronte, considerado uno de los mejores pistachos del mercado.

Helado todo el año

Otro gran cambio del que se han beneficiado las heladerías es la desestacionalización de un producto que durante décadas estuvo relegado a los meses más calurosos. “Antes de la pandemia, los helados se ponían el día de San José, el 19 de marzo, y se quitaban justo después de San Mateo, el 21 de septiembre. Ahora los ponemos en enero y los retiramos en noviembre”, comenta Valdés. Aun así, el año pasado probaron a mantenerlos de enero a diciembre en dos puntos de venta de los cinco que tienen y, para su sorpresa, las ventas fueron mejores de lo esperado. Tanto, que actualmente se están replanteando la temporada en su heladería principal.

Los turrones, artesanos, se elaboran siguiendo recetas tradicionales.
Los turrones, artesanos, se elaboran siguiendo recetas tradicionales.
Bombón helado de turrón.
Bombón helado de turrón.

Aunque Jesús Valdés reconoce que, en un principio, el turrón que se usaba para los helados era el sobrante de la campaña de Navidad, hoy la producción está mucho más medida. Apenas queda excedente, lo que los obliga a elaborar turrón durante todo el año para incorporarlo a los helados. Y, a pesar de que se venden más helados y de que la campaña se ha alargado, el sector no está al margen de la inflación en las materias primas. Si hace seis años compraban el kilo de almendra Marcona a 7 euros, hoy lo pagan a 13. No obstante, y pese a la subida superior al 80% de la materia prima, sólo han repercutido un 20% en el precio del helado, que en 2026 se sitúa en 3,5€ la tarrina.

Este local ovetense ha visto pasar 150 años de historia de España.
Este local ovetense ha visto pasar 150 años de historia de España.

Además de la temperatura —que no debe ser demasiado baja si se quieren preservar los matices y la cremosidad—, otro elemento indisociable del mundo heladero es el barquillo, al menos cuando el helado no se sirve en tarrina. En el caso de Verdú, los elabora Gonzalo Ríos, una empresa artesanal que provee a la heladería desde 1957. Jesús Valdés aún recuerda que el propio Gonzalo Ríos, fundador de la empresa, se los llevaba en persona a su abuelo.

Para elaborar el helado de turrón sólo usan almendra Marcona, calibre 14/16.
Para elaborar el helado de turrón sólo usan almendra Marcona, calibre 14/16.

Reducir la historia de esta heladería a una cifra —150 años— sería quedarse corto. Por delante de este local ovetense han pasado la Segunda República, la revolución obrera de 1934, una Guerra Civil, una dictadura y una transición. También modas de todo tipo, desde camisas de cuello alto, a sombreros con plumas, pantalones de campana, pitillos y un sinfín de peinados. Pero, entre tanto cambio, algo ha permanecido inalterable: la cita de Oviedo con su helado de turrón, una tradición que sigue convocando a la ciudad cada verano frente al mismo escaparate.

HELADERÍA-TURRONERÍA DIEGO VERDÚ MONERRIS. C/ Cimadevilla, 7 (Oviedo). Tel. 985 21 28 55

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