Menú con historia: Institución Libre de Enseñanza (1933)

"Sardinas muertas del mar vivo" o de un banquete en el mar para sabios y alumnos

Portada y contraportada del menú
Portada y contraportada del menú

En 1933, unos 200 catedráticos, profesores y alumnos -la élite de la Institución Libre de Enseñanza, encabezados por el propio Fernando de los Ríos- partieron a bordo del barco Ciudad de Cádiz por el Mediterráneo. Aquel viaje fue el sueño de una generación. Asomarnos al menú que se sirvió es una delicia que destila humor y sabiduría: desde 'Sardinas muertas del mar vivo', o 'Fustes de espárrago pentélico', hasta 'Ensaladilla rusa a lo náufrago'.

“Banquete significa comida espléndida. Es el triunfo del arte, del comer. Sobre su necesidad esclavizadora, por tanto, banquete, o fiesta del paladar en compañía, equivale a civilización", nos contaba Faustino Cordón.

Los griegos ponían los placeres del gusto al cuidado de Gasterea, décima musa, de manera que ella les iniciaba en el conocimiento de los productos comestibles para así realzar su sabor y su mejor degustación. De estas sabidurías estarían impregnados los organizadores del Banquete Homenaje a don Manuel García Morente y don José Ferrandis Torres, el 10 de noviembre de 1933.

A bordo del barco Ciudad de Cádiz partieron unas 200 personas entre catedráticos, profesores y alumnos de diversas facultades con la intención de convertir aquel barco en un aula. Cuarenta y ocho días para recorrer los principales yacimientos arqueológicos del Mediterráneo: Marsella, Egipto, Sicilia, Malta, Rodas, Creta, Atenas, Jaifa... Constituyó un verdadero hito para la II República, gracias a la Institución Libre de Enseñanza, que desde 1876 hasta 1936 fue el cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas que por aquel entonces se desarrollaban fuera.

Manuel García Morente, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, fue el director y artífice del proyecto, presentado por Fernando de los Ríos, a la sazón ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes (así se llamaba antes), al Consejo de Ministros y finalmente aprobado no sin ciertas reticencias.

Menú del Cuidad de Cádiz
Menú del Cuidad de Cádiz

En la portada del menú encontramos una caricatura de los dos homenajeados subidos en una barca con el nombre de Ciudad de Cádiz, los dos con gafas redondas, de los cuales uno solo es el que rema, mientras el otro roza con su mano el mar, y los acompaña un rombo.

En la contraportada tenemos otro dibujo, en este caso un coro de jóvenes (cinco profesores y dos auxiliares) cantando a pleno pulmón, dirigidos por un hombrecillo, que, con su batuta, hace las veces de director de aquella orquesta.

Debajo del dibujo, se especifican las piezas clásicas que interpretarán durante el acto, a saber:

Mojama coreable “Malajiki”
Bulerías “Niño de Delfos”
Sevillanas de Atenas

Y terminarán con aquello de “España está en el mar (para-pa-pa-pa-pa)”

En el interior, descubrimos un banquete redactado haciendo bromas entre el contenido de los platos y lugares que seguramente visitaron y que no tienen desperdicio como: "Sardinas muertas del mar vivo", "Fustes de espárrago pentélico", "Ensaladilla rusa a lo náufrago", "Lubricantes (bogavantes) Maltas", "Merluza taberna de Marsella", "Philéton boeion Apis embamma (de Rotti nada)", "Sefarditas (por judías) verdes de Jaifa"...

Bebieron “agua de veras” y “Leukos kai melas oinos”, que si alguien puede aportar luz sobre su significado le quedaré muy agradecida.

En el capítulo dedicado al dulce, encontramos una "Tarta Mosquée", unos "pastelillos Sidi-Okba", "apurillos de Ttea", "Suspiros noches de luna"(¡Ay!) y para terminar... "Moka de la Meca".

En aquel crucero se encontraron catedráticos ilustres y alumnos que lo serían y en el listado de personas que hicieron el viaje nos encontramos con: Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, Juan Zaragüeta, Julián Marías, Antonio Tovar, Joaquín de Entrambasaguas, autor de un delicioso librito llamado Brújula de Gastronomía, Isabel García Lorca, que precisamente le reprochará a su hermano Federico, en una carta, que no se hubiese apuntado al viaje...

No fue hasta 1995 cuando la Residencia de Estudiantes sacó a la luz, en una exposición, multitud de fotografías y textos inéditos de aquel viaje que fue el sueño de una generación, ese sueño colectivo que, para los que no pudieron asistir, se convirtió en una mitificación de Lo que solo pasa una vez, según Lluis Pericot, que en su archivo recoge anécdotas deliciosas de aquella aventura intelectual y vital, donde además de la formación adquirida ya se intuían posturas ideológicas, amistades, rencores, y yo espero que amores también.

Por último, el espíritu de aquel viaje prendió años más tarde en Miguel de la Quadra Salcedo, que pudo conocer por boca del filósofo y profesor Juan Zaragüeta, los entresijos del modélico crucero y que, interpretado de otra manera, fue su Ruta Quetzal.

A mis manos llegó este menú buscando en libreros de viejo y anticuarios, donde los trozos de vida cotidiana que contienen estos efímeros papeles me llevan a entender el mundo, eso también es espíritu universitario.

¿Y quién decía que había que leerse hasta los papeles tirados en la calle?...

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