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A las seis de la mañana ya está el enólogo Sergi Colet danzando por las parcelas de Bodegas Colet en Sant Martí Sarroca y en Pacs, en el Alto Penedés. 20 hectáreas en las que se cultiva xarel-lo, chardonnay, macabeo, moscatel, gewürztraminer y riesling, con las que crea sus espumosos y luego los comercializa. “Somos de los más pequeños que elaboramos de principio a fin, como funciona en Francia y Alemania”. Desde hace tres años esta forma de entender el negocio cuenta con su propio sello ‘Catalunya Vinyero’, que sólo unos pocos pueden presumir de lucir y que reconoce un trabajo 360º.
A última hora de la tarde, los racimos de xarel-lo parecen escarchados bajo un sol más pendenciero que amable. Estamos a primeros de julio y puede que para finales de mes haya que vendimiar. El cambio climático no perdona. Cuando Sergi nació, un 22 de septiembre, su madre, Luz, anunció que llegaba con la cosecha; 50 años después, la cosecha se ha adelantado dos meses.
Sin embargo, la climatología no impide que los espumosos de la familia Colet gocen de prestigio desde China a Suiza, país que les abrió la puerta de la internacionalización hace décadas. “Si mi abuelo, que a lo más lejos que iba era un día al año a la playa, viese que mañana vienen desde Holanda a visitarnos y probar nuestros espumosos, no se lo creería. Las fincas como las nuestras están muy cotizadas, menos producción, pero más valorado el producto. Además, los elevados precios del champagne nos benefician”.
Esta es una familia atípica para el ecosistema de la zona, donde la tradición manda desde hace siglos, aunque las nuevas generaciones son más dinámicas. Menos el padre, que desciende de los aparceros que desde 1783 trabajaban la tierra y pagaban al propietario con un porcentaje de la cosecha hasta que la adquirieron en 1984, los demás han tenido otras profesiones. Olga Colet, la hermana de Sergi, es médico rural, aunque está muy implicada en la bodega; y su madre, Luz Villar, tuvo un puesto de responsabilidad en una aseguradora. Los tres son igual de joviales y atrevidos que sus espumosos. A quién, si no, se le habría ocurrido, en 2007, impulsar una colaboración con Equipo Navazos en el Marco de Jerez.
“Cuando salimos al mercado fue una revolución. La gente de aquí no entendía lo que estábamos haciendo. Los suelos del Penedés son muy calcáreos, como los de Jerez y los de Champaña, que aportan una textura fina y elegante. Pero los nuestros tienen magnesio, que bloquea la potasa para proteger el ácido tartárico, que es lo que proporciona acidez y frescura al espumoso. Así que no era tan descabellado probar a usar palo cortado o manzanilla en lugar del licor de expedición —que se añade antes del encorchado definitivo—, del que cada bodega tiene una fórmula secreta, y nosotros hicimos visible”, explica Sergi. La etiqueta naranja de Colet Navazos es un xarel-lo brut nature con un toque de palo cortado, que resulta seco, frutal y salino. Y la verde, es un chardonnay con 60 meses en rima con manzanilla pasada, y un fondo yodado y salino.
La primera vez que lo probé fue en ‘Diverxo’, cuando estaba en la calle Pensamiento, y me lo ofrecieron como un espumoso que rompía los esquemas. Los Colet defienden que el payés tiene derecho a experimentar, por eso salieron de la DO Cava y se integraron en Classic Penedés, buscando mayor libertad y profundizar en la identidad del territorio. Olga apunta a que su madre, que es aragonesa, también ha aportado una visión más abierta al negocio. Por ella no tienen ocho apellidos catalanes, bromean orgullosos de sus raíces. “Nos gustaría que dijeran que hacemos vinos elegantes, no exuberantes. Un vino elegante es un triángulo equilátero”.
Todos los espumosos de su catálogo son 100% reserva. Hay referencias como Aniversari, 94 puntos Parker, que es ahora mismo el preferido de Olga. “Es parcelario, de la viña más antigua de Colet, que es xarel-lo, una expresión de pureza. La primera fermentación se hace en un depósito de cemento en forma de huevo. Es un vino muy estructurado, que tiene una rusticidad elegante”. Mantener la conexión entre la copa y la viña es casi una obsesión. Huyen de la sensación a brioche que procuran las levaduras y se centran en la frescura.
Para Sergi, “el Tradicional, un coupage xarel-lo y macabeo, de crianza larga, serio y elegante, con un precio en tienda de 17 euros, es como el pan con tomate. Lo que me apetece cuando vuelvo a casa. Hacemos vinos sin azúcar, muy healthy, de paisaje, con tonos herbáceos y florales”. El A Priori es un vino que triunfa en Holanda, 92 puntos Parker y a un precio en tienda de 15 euros, “con un perfil con mucha fruta, hedonismo, placer”. Assemblage, es una pinot noir con una crianza muy larga “donde buscamos más la parte de aromas de miel, de paisaje”. Y, para verano, el Gran Cuvée les gusta mucho para comidas al aire libre.
En 2023, lanzaron un pet-nat ancestral de xarel-lo vermell, muy limpio y natural, del que sólo producen 2.000 botellas, que un cliente de Londres quiso comprar en su totalidad, pero sólo accedieron a venderle la mitad, para que pudieran probarlo en otros sitios.
La última generación ya colabora en la bodega. Una hija de Olga se ocupa de redes y marketing, y el hijo pequeño de Sergi ha comenzado a prepararse en enología. Su proyecto es crear un moscatel con menos graduación, para que lo beban sus amigos. “Hay que potenciar que los jóvenes innoven y pongan en práctica sus ideas”, dice Olga. Tanto ella como Sergi saben que es importante experimentar y arriesgar para lograr vinos tan especiales como los suyos.
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