Abrir la puerta de la habitación, dejar las maletas a toda prisa y correr hacia la ventana. Antes de comprobar la calidad del colchón o la fuerza del agua de la ducha, necesitamos echar un vistazo a lo que nos rodea, a lo que veremos nada más abrir los ojos por la mañana. Este impulso ya convertido en ritual trae, a veces, increíbles sorpresas. 

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