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Alella

Viñas y modernismo junto al mar

Alella es una de esas joyas que guarda el entorno más cercano a Barcelona, de la que dista apenas 15 kilómetros. Esta población de la comarca del Maresme, elevada en las estribaciones de la Serralada Litoral, con vistas al mar del que recibe sus beneficiosas brisas, es conocida sin duda por sus afamados vinos de la Denominación de Origen Alella, la más pequeña de la península y una de las más antiguas.

Un paseo por la población, bonita y tranquila, descubre los mil años de historia que atesora, con vestigios romanos, el poblado ibérico de la Cadira del Bisbe y un importante patrimonio modernista. La Iglesia de Sant Feliu, con un magnífico campanario románico de planta cuadrada y veinte metros de altura, es uno de los edificios históricos destacables. En su interior se encuentra la Capella del Sagrari, con elementos modernistas y un retablo inacabado, obra de Antoni Gaudí. Otro edificio destacable es Cal Lleonart, una masía barroca con una espléndida fachada esgrafiada que hoy alberga dependencias municipales. Dispersas por la villa se pueden contemplar bellísimas casas señoriales, ya que Alella fue elegida por la burguesía de Barcelona como destino de veraneo a finales del siglo XIX y principios del XX. El enoturismo, con visita a bodegas y viñedos, catas y distintas actividades, es la gran baza del municipio que, a finales de septiembre, celebra una aclamada Fiesta de la Vendimia.

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