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Doñinos de Salamanca

De la villa romana a la escultura moderna de hormigón

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Muy cerca de la capital, a apenas 8 kilómetros de distancia, se encuentra la localidad de Doñinos de Salamanca, un municipio que, por su localización en el alfoz cuenta hoy con una importante población y un tejido industrial y empresarial que le ha permitido crecer mucho en las últimas décadas, pero su pasado es más bien humilde, ligado al trabajo en el campo, y con pocos vecinos según indican algunos documentos de los siglos XVII y XVIII. De hecho, a comienzos del siglo XVII Doñinos era tan solo una explotación agraria con seis habitantes.

Quizá por este pasado humilde la localidad no cuenta hoy en día con muchos edificios históricos, aunque sí cabe hacer mención a su iglesia parroquial dedicada a Santo Domingo de Guzmán que, desde hace unos años, luce un retablo barroco restaurado por la Fundación Edades del Hombre y que era originario de un templo situado en la finca de El Carnero, próxima a la localidad, pero que se encontraba en muy mal estado con deficiencias en su estructura.

También en el núcleo urbano merece una visita el Museo del Hormigón Ángel Mateos, aunque actualmente deben ser concertadas con anterioridad. Se trata del único museo dedicado a este material desde un punto de vista escultórico y de hecho, el propio edificio, ya es en sí mismo una escultura. En su interior, se pueden ver las obras de Ángel Mateos —más de 170—, realizadas a lo largo de tres décadas, entre los años 70 y 90 del siglo XX.

Actualmente Doñinos de Salamanca cuenta con cuatro pedanías: Santibáñez del Río, San Julián de la Valmuza, La Argentina y El Pegollo. Y precisamente en algunas de ellas es donde se encuentran los atractivos turísticos más importantes. El primero se encuentra en Santibáñez, y es la iglesia de San Juan, oficialmente San Juan ante Portam Latinam, declarada Patrimonio Histórico (BIC) en 1983. Se trata de un edificio de entre finales del siglo XI y principios del XII, de estilo románico y nave única, construido en piedra de sillería arenisca. De esta iglesia destaca su portada en la fachada sur, con una arquivolta de medio punto adornada con un friso de rosetas donde se pueden ver una cabeza humana, serpientes y otros animales. En las primeras dovelas de la portada, a ambos lados, se pueden leer inscripciones en latin (al oeste: ‘Quienquiera que ame a Cristo no estima este mundo, sino que hacia él dirige su amor’; al este: ‘Oh rico, rico, no vivirás para siempre, haz el bien si tras la muerte deseas vivir’).

Por su parte, la pedanía de San Julián de la Valmuza conserva parte de lo que fue una importante villa romana. Mosaicos, columnas, sepulcros y vasijas se conservaron de aquella época, ganándose la declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento Histórico, en 1931. Los restos de esta villa fueron descubiertos a principios del siglo XIX y sufrieron un gran destrozo, puesto que en el marco de la batalla de Arapiles, la alquería fue tomada como cuadra por Wellington, que saqueó el lugar. Además, tras unas excavaciones en los años 1983 y 1984, se dejaron los mosaicos al aire libre y los visitantes arrancaban fragmentos, por lo que se volvieron a tapar las catas realizadas.

Cabe destacar que, en el siglo XII, la localidad fue el escenario de la batalla de Valmuza, en la que el rey Fernando II de León derrotó a las tropas concejiles de Salamanca que se levantaron en su contra por su decisión de crear el concejo de Ledesma y darle fueros y hacer lo propio con Ciudad Rodrigo, convirtiéndola en diócesis, quitándole así la administración de estas zonas a la ciudad de Salamanca.

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