Paseo en barco por los Arribes del Duero (Aldeadávila, Salamanca)

Un Duero para ver las uñas del diablo, dragones y ‘buitrelandia’

El barco surcando el Duero con Elvira explicando el entorno.
El cañón que recorre el barco en esta parte de Arribes del Duero es de los más abruptos del parque.

Hay que visitar el parque internacional más grande de Europa, el de Arribes del Duero, para descubrir un río lleno de historias en un paraje donde el curso de unas aguas bien tranquilas, gracias al freno de la presa de Aldeadávila, se encaja entre moles de granito que obligan a mirar hacia el cielo cuando se convierten en rascacielos infinitos. En este entorno, las leyendas se mezclan con la realidad del lugar.

Una tarde de otoño cualquiera, con el cielo encapotado, el Duero refleja parte de la magia que inspira su superficie metálica. Antes esa belleza impasible a uno lo matan las ganas de surcarlo en barco. Elegimos la empresa ‘Corazón de las Arribes’ en la parte salmantina del parque (se extiende también por Zamora y el país vecino, Portugal) para descubrir esos secretos que rezuma el río y lo hacemos a través de las palabras de Elvira Pereña, que lleva recorriéndolo de arriba a abajo 27 años con Manolo Pérez Sevilla al timón.

El Arroyo del Remolino cae entre las piedras de granito.
Las aguas del Arroyo del Remolino sorprenden recorriendo la ladera de granito.

La bajada hasta el embarcadero es un aperitivo del atractivo que aguarda agazapado en el cañón. Un descenso de más de 400 metros de altitud, el pueblo está a 700 y se navega a 320 metros sobre el nivel del mar. “La temperatura aumenta casi un grado por cada 100 metros que se desciende y como esto está resguardado tenemos aquí una diferencia térmica de 5 o 6 grados. Hay un microclima de tipo mediterráneo por eso aquí se dan naranjos y limoneros, plantas mediterráneas”, explica Elvira nada más iniciarse el crucero fluvial.

Dos nidos vacíos entre los huecos de las rocas.
La diversidad de aves es uno de los grandes atractivos del paseo, durante el que se pueden divisar sus nidos.

El barco, con capacidad para 100 personas, navega durante todo el año (excepto en enero, que la tripulación también tiene derecho a vacaciones), sin problemas porque las cristaleras que lo cubren se pueden cerrar en invierno y abrir en verano. Aunque los colores estallan en el cañón en primavera y otoño, los parques naturales se pueden disfrutar siempre, especialmente en el de Arribes del Duero, que cuenta con unos 180 kilómetros de cañones fluviales y con 37 municipios para recorrer, con decenas de miradores con vistas al río y caminos para hacer senderismo. Actividades para todos los públicos.

Varios pasajeros, de pie, hacen fotos del Duero y sus orillas.
Con este paisaje, ¿quién no querría inmortalizar el momento?

“Vamos a navegar 11 km hasta la presa de abajo, Aldeadávila. Hemos salido con 60 metros de profundidad en el embarcadero pero va aumentando hasta llegar a la presa donde alcanza 140 metros”, y lo haremos en el tramo más abrupto del cañón durante una hora y media. Elvira adentra a los turistas en el parque internacional con datos básicos para detenerse en lo que de verdad le fascina que es la fauna y la flora únicas de este pedacito de Salamanca.

Solo la diversidad de aves hacen de este cañón el sueño de cualquier ornitólogo, donde anidan varias especies en peligro de extinción. “¡Tenemos una riqueza maravillosa! Aquí hay alimoches, cigüeñas negras, águila perdicera, águila real, buitres leonados... ”, subraya Elvira antes de contar las anécdotas que conoce de la observación de los nidos en estas paredes día tras día, semana tras semana, año tras año.

El reflejo de las rocas, de las más antiguas de la península, sobre la superficie del Duero.
Las rocas que encajonan el río son de las más antiguas de la península.

“El alimoche es el buitre más pequeño, es de color blanco, por eso aquí los llamamos blanquillos, y hacen los nidos en agujeros como ese que tenemos ahí enfrente -señala hacia lo alto de la orilla de granito para que los pasajeros puedan verlo-, pero vienen solo de febrero hasta finales de septiembre y luego migran a África como las cigüeñas negras. En Arribes está la mayor población de alimoches de toda Europa. Aquí hemos visto que los alimoches hacen tríos. Tenemos dos hembras que conviven con un macho. Cada hembra ocupa un nido, una en España y la otra en Portugal, y el macho atiende a las dos vecinas”, relata Elvira mientras desata las risas de los turistas atentos.

Los líquenes amarillentos que se ven en las rocas son un bioindicador de la pureza del aire
Los líquenes amarillentos de las rocas son un bioindicador de la pureza del aire.

La embarcación se desliza lentamente dando tiempo a admirar las formas extravagantes que han adquirido algunas piedras. “¡Fijados en estas rocas! Son esquistos que tienen entre 600 y 2.500 millones de años. Las capas deberían estar horizontales pero aquí están inclinadas y las llamamos las uñas del diablo”, continúa la segunda de abordo para llamar la atención sobre las rocas más antiguas de la península en las que crece una planta que solo existe en esta parte del mundo y que se conoce como el dragón de los Arribes.

Pasajeros sentado en el barco durante el crucero fluvial por el Duero.
El barco está preparado para navegar durante todos los meses del año.

La leyenda del cabrero más bruto

Aunque hay que venir después de las lluvias de otoño o en primavera para ver cascadas deslizándose por el granito hasta el río, el Arroyo del Remolino se deja ver en cualquier época. En un lado o en otro, los ojos buscan nidos, juegan a identificar formas en los pedruscos bien encajados que destacan aquí y allá o a buscar las diferencias entre el lado español y el portugués. Mientras, Elvira relata cómo, en otros tiempos, los contrabandistas portugueses usaban tirolinas para cruzar la mercancía de un lado a otro; o cómo los cabreros han sobrevivido en estas pendientes adaptándose a la dificultad del terreno, pero también aprovechando los recursos del entorno. En este momento, la animadora del paseo se adentra en una de las mejores historias del trayecto, explicando las técnicas que utilizaban los pastores para robar al águila real parte de su caza. (Los detalles se conocen viviendo la actividad, no podemos destriparlo todo, se perdería parte de la emoción del momento).

Una cría de buitre leonado apoyado en una roca junto a un árbol.
Las crías de buitre leonado se camuflan entre el paisaje, pero aquí hemos pillado una.

Delante se levanta imponente la mole de granito más famosa de la zona: el Picón de Felipe. Tiene más de 400 metros de altura, sin contar lo que se oculta bajo los 100 metros de profundidad que alcanza aquí el río. “Felipe era un cabrero de Aldeadávila que se enamoró de Casilda, una pastora portuguesa de enfrente. Pero como no podía cruzar el río, pese a que el cauce era más estrecho al no haber presas, Felipe hacía agujeros en la roca con un martillo y un cincel porque estaba convencido de que podría tirarla abajo para pasar a Portugal”, señala Elvira contando la leyenda e invitando a visitar el mirador que hay en su cima.

Elvira Pereña y Manolo Pérez Sevilla llevan más de 27 años recorriendo este tramo del Duero.
Elvira Pereña y Manolo Pérez Sevilla llevan más de 27 años recorriendo este tramo del Duero.

Llegamos a la zona donde anidan los buitres leonados: más de 400. Tan grande que podríamos llamarlo 'buitrelandia'. Casi todos en el lado español “porque el viento, las lluvias y las borrascas casi siempre vienen de este lado del oeste, suroeste, y ahí están resguardados”. En algunas grietas se aprecian solas a varias crías, pese a que se camuflan con los colores de las rocas. Los adultos, que pueden alcanzar los tres metros de envergadura, salen por las mañanas a buscar alimento.

Los picones se elevan en las dos orillas dibujando un paisaje fascinante.
Los picones se elevan en las dos orillas dibujando un paisaje fascinante.

Al final del recorrido, antes de emprender el camino de vuelta, la presa de Aldeadávila se levanta imponente al fondo mientras a babor lo hace el Picón de la Carrocera, delicia de los escaladores, convirtiendo el barco en un pequeño pececillo en la anchura del Duero. En la cima de la mole rocosa, se está construyendo un mirador con una pasarela de cristal que se adentrará sobre el río para ofrecer una perspectiva de vértigo a los más atrevidos. Para finalizar otro dato digno de los relatos que nos han acompañado por el Duero. Pese a que estamos en la zona de mayor concentración de presas de la península (hay cinco), esta es la que fue elegida como escenario de la primera y última escena de ‘Doctor Zhivago’, para otra de ‘La cabina’ y la parte final de ‘Terminator 6’. Un final de película para un crucero de fantasía.

EL CORAZÓN DE LAS ARRIBES- Embarcadero Arribes del Duero. Calle Santa Margarita, s/n. Aldeadávila de la Ribera. Salamanca. Precio: 18 euros (adultos); 12 (niños).