El Hoyo de Pinares

De agua, roca, sendas y piñones

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Localidad de algo menos de 2.300 habitantes situada muy cerca de la frontera provincial con Madrid. Dista de Ávila 44,2 km.

Piñoneros, madereros y ganaderos de toda la vida en este pueblo de pinares, granito y agua, los tres elementos dominantes de sus tierras onduladas, entre el río Alberche y la sierra de Malagón (enlaza las estribaciones del macizo oriental de Gredos con las de la sierra de Guadarrama).

Agua también en los arroyos que alimentan al río Becedas, represado en dos pantanos consecutivos muy cerca del pueblo. Este hábitat acuático contribuye alimentar la zona de protección de aves ZEPA que abarca al término, donde anidan parejas de águila imperial y planean los buitres negros. Al sur, pasado Cebreros, se despliegan otros dos grandes embalses: el del Burguillo (junto a la Reserva Natural del Valle de Iruelas) y el de San Juan.

La Red Natura 2000 protege algunos bosques de pino piñonero (algunos también tienen manchas de negral o resinero) porque son de los pocos autóctonos en toda la comunidad autónoma. Esa antigüedad explica la colección de ejemplares centenarios, por ejemplo el Castrejón, incluido en la lista de árboles singulares. Más de 16 metros de altura y 25 en el perímetro de la copa.

La abundancia de agua en los alrededores, junto con un clima sin demasiados extremos, sostiene especies de ribera, frutales y cultivos como fresnos, olivos, higueras y viñedos de garnacha. Además de amplias extensiones de prados, el término aloja áreas de dehesa con robles, enebros y sabinas.

El tercer elemento, la roca en afloraciones y berrocales, se repite en bastantes casas del pueblo (algunas del XIX), calles empedradas, las plazas del Caño y de España, parte del ayuntamiento y el puente de la Pililla sobre el Becedas. No es el único, sumergido en uno de los embalses hay otro que vuelve a verse en tiempos de sequía. De granito son también la iglesia de San Miguel Arcángel, los restos de una ermita en el paraje del Fresne y una necrópolis visigoda. 

En un término tan diverso, las rutas temáticas dan para elegir. Observación de aves, ruta del agua entre sotos y embalses, la de los molinos en el área recreativa del Batán… Incluso la de la mina Ceferina (se extraía cobre, zinc y plomo) cerca de la dehesa Boyal. La de la Niña Montero, que alude a una leyenda de pastores sobre un rapto y un aquelarre, cruza pinares y asciende hasta el alto de Las Mesas. Es un mirador hacia el pueblo, el valle del Alberche y cerros como el Guisando o Peña Merina.

Algunas rutas despiertan la curiosidad desde el nombre: del Bandolero, de Cuesta Mala, del Cuervo.

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