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Granyena de les Garrigues

Aires medievales entre olivos

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En una tierra de suaves ondulaciones y terrazas ganadas al monte para el cultivo del olivo se levanta Granyena de les Garrigues. La población emerge en el paisaje como un recinto homogéneo de construcciones ocres apiñadas en torno a la iglesia barroca de Sant Miquel, que alza su campanario por encima de los tejados como puesto de vigía.

El casco antiguo conserva el toque medieval de calles estrechas, muros de piedra y casas medievales. Granyena conserva también, si bien en una propiedad privada y medio insertada en una casa, la antigua iglesia dedicada a Sant Miquel, de transición del románico al gótico. El arco románico de entrada integrado en la fachada particular es una estampa inaudita.

En una colina cercana se erigió en 1990 una ermita nueva dedicada a la Virgen del Roser. En su honor los vecinos celebran a principios de octubre una animada fiesta mayor con una gran cena popular.