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Guijuelo

Un pueblo con denominación de origen

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Es cierto que solo con pronunciar el nombre se nos hace la boca agua. Llegar a Guijuelo, en efecto, es alcanzar la excelencia gastronómica en su producto estrella: el jamón ibérico. Si lo que nos atrae son los secretos que se esconden tras esta delicia, nada mejor que una visita a esta villa durante los meses de enero, febrero y marzo. Notaremos en carne propia la dureza del invierno de Guijuelo, que explica mucho sobre el proceso de curación del jamón ibérico que aquí se produce, en bodegas especiales que reciben los vientos secos y fríos de la Sierra de Gredos y Béjar. El jamón ha situado a Guijuelo en todos los mapas internacionales y, como no podía ser menos, la vida del municipio gira alrededor de este producto. Hay aquí un Museo de la Industria Chacinera que nos muestra al detalle los secretos de este delicioso universo de dehesas, bellotas y cerdos negros.

Al margen del jamón, dos obras sobresalen entre el patrimonio arquitectónico de Guijuelo: el Torreón, un ábside de una iglesia ojival que data la primera mitad del siglo XV, y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, patrona de la localidad. Sus fiestas se celebran a mediados de agosto y en ellas la diversión está más que asegurada gracias al extenso programa de conciertos, pasacalles y actuaciones dedicadas a los más pequeños. 

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