Los Tojos

Los Tojos

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La manzana más jugosa y bella del árbol suele ser la más difícil de coger. Al igual sucede con los Tojos. Una carretera a la que no le gustan las líneas rectas asciende hasta mostrar este pequeño paraíso. Inmerso dentro del parque natural Saja-Besaya, la Naturaleza empieza a colorear cada punto que se recorre con la mirada, por fín hemos llegado a los Tojos. Por un segundo cuesta diferenciar si estamos en los verdes parajes de Escocia o de España. O si directamente nos hemos ‘colado’ dentro de un cuadro. La brocha del pintor ha detenido el tiempo en este bucólico paisaje, donde el verde va cincelando las mullidas praderas y el pincel ondea con azules y blancos las nubes que bajan tanto entre los montes que casi se pueden tocar con la mano. Y aún hay más. El Valle de Cabuérniga, dentro del que se encuentra Los Tojos, alberga otro tesoro: Bárcena Mayor. Conforme nos vamos acercando se perfila en menos de dos calles la esencia de Cantabria. Es Bárcena Mayor la única población incluida en el parque natural Saja-Besaya. Sus casas montañesas recorridas por la piedra contrastan el gris con los preciosos colores de las flores de las balconadas. Aquí huele a leña y en los fogones humea el rico cocido montañés que ha de saciar el hambre de aquellos que han desgastado el cuerpo de admirar tanta belleza. Alguien, una vez se debió de embriagar tanto con su encanto que protegió a esta pedanía de Los Tojos como conjunto histórico artístico. Junto a Bárcena Mayor, los ríos también piden su espacio en el cuadro. El Saja nutre el paisaje junto al río Besaya dibujando con el agua los tupidos bosques de robles, hayas y acebos que conforman el entorno de Los Tojos. De repente algo le pone sonido al cuadro. Al final del pueblo se oyen unas campanas que se empiezan a delinear conforme nos vamos acercando. Es la iglesia de San Miguel Acángel que nos avisa de que ya no cabe más encanto. Si alguien pintara de verdad este cuadro, sin duda nos lo llevaríamos a casa. Pero de momento solo nos queda una opción: fotografiarlo.

Hubo un tiempo que el Saja marcaba el camino tradicional por el que pasó el emperador Carlos I a su vuelta de Flandes. Quedó en desuso al abrirse en el siglo XVIII el Camino Real por el valle del río Besaya aún vigente.

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