Madrigal de las Altas Torres

Madrigal de las Altas Torres

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Localidad de unos 1.500 habitantes situada a 79 km de Ávila, junto al cruce de las carreteras CL605 y CL610, en la punta norte de la provincia de Ávila y próxima a las fronteras provinciales con Valladolid y Salamanca.

Su fundación seguramente estuvo vinculada a la abundancia de fuentes y aguas superficiales. No hace tanto un cuarto de su superficie intramuros se dedicaba a huerta.

Principal foco del mudéjar abulense junto a Arévalo, algunos de sus monumentos son referencias del estilo. En especial las murallas monumentales, con tramos de doble lienzo y tres de las cuatro puertas aún en pie. A dos las protegen enormes torreones de rara planta pentagonal, como algunos otros en sistema de torre albarrana.

Las calles del centro (trazado radial y rodeadas de lo que parece el perímetro de un antiguo camino de ronda, según algunos autores indicio de una muralla anterior) están empedradas con canto rodado, el mismo ingrediente del calicanto en tapias, muros y la iglesia de Santa María del Castillo, junto a los restos de una antigua atalaya en la cota más alta. Al lado de una olma centenaria con túnel en el tronco, el altozano ofrece vistas panorámicas hacia las ruinas del gran monasterio herreriano de San Agustín.

El sentido del apellido, ‘de las Altas Torres’, también se justifica en la talla del campanario en San Nicolás, con su icónico chapitel de pizarra y la veleta de gallo. Unos 55 metros hasta el vértice. El tamaño de este templo roza el de colegiata, con ábsides mudéjares irregulares, elementos góticos y un interior opulento: los artesonados en par y nudillo, engranados sin un solo clavo y considerados, junto con el coro, obra maestra. Se han rescatado pinturas que componían el antiguo retablo gótico. Los frescos románicos de Santa María que aparecieron tras los revoques están en proceso de restauración.

Casonas solariegas y blasonadas, la portada renacentista del Palacio de Justicia, un pósito municipal, una bodega histórica con bóvedas apuntadas o restos de la antigua sinagoga se intercalan con otros monumentos emblemáticos: el hospital del siglo XV (doble nivel de columnas en la fachada) que funcionó como tal hasta bien entrado el siglo XX (aloja un museo dedicado a Tata Vasco, precursor de los derechos humanos) y el convento de las agustinas junto al palacio de Juan II, donde nació Isabel la Católica.

Madrigal se enclava en la zona ZEPA de protección de aves más extensa de Castilla y León, un zoo natural con más de cien especies esteparias, lacustres y rapaces, desde águilas reales y elanios azules al animal más pesado capaz de remontar el vuelo: la avutarda.

El municipio incluye el despoblado de El Villar de Matacabras, con una purista iglesia mudéjar.

Así reza el refrán sobre uno de los vinos más célebres de Castilla, el famoso verdejo, variedad también conocida como “cepa de Madrigal”. Lo nombran Cervantes, Góngora, Tirso de Molina, Jorge Manrique, en La Celestina… Y los siglos de industria pujante explican el tamaño del pueblo, su perímetro amurallado equivale casi al de Ávila. Aún se produce verdejo en las viñas comunales de Las Matillas (donde consta el cultivo desde el XIV), con cepas casi centenarias incluidas en la D.O. Rueda. Compañero para la contundente repostería local (bollos de aceite, de portillo, galletas de nata, empanadas de arrope) o en la fiesta del Lunes de Aguas: romería y picnic en encinares.

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