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Mirabel

La villa del Marqués

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Las doncellas preparan el baño cargando jarrones de agua desde la fuente de la Marquesa. Escondido entre cuatro arcos que sostienen un techo abovedado, este manantial de gran pureza contaba con propiedades curativas que otorgaban gran belleza a los privilegiados que podían disfrutarla. La vestían y engalanaban, pues tras pasear por los jardines la Señora se dirigía a misa entrando por la puerta que directamente comunica el palacio con la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. A la tarde, en la plaza Empedrada, el Marqués avergüenza a los herejes en la picota de piedra que, aunque pública, dejaba bien claro que esa villa era una jurisdicción privada. En lo alto de la colina, el castillo se convertía en la residencia habitual de los señores de esta tierra, dejando claro que la vida de este municipio ronda en torno a un legado nobiliario que hoy es propiedad del pueblo.

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