Navahondilla

Navahondilla

Información turística: 918610091

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Municipio de algo más de 300 habitantes junto a la carretera M501 y el límite provincial con Madrid. Dista de Ávila 60 km e incluye anejos y urbanizaciones como Aleguillas, Cañada Real, Navahonda, Navapark, Pinar del Valle y Prados Morenos.

Con ese clima suave protegido por el murallón de Gredos, su posición privilegiada en el valle del Alberche, pero muy cerca de los del Tiétar y el Iruelas (Parque Natural) y tan cerca de millones de madrileños, es normal que el término incluya urbanizaciones.

Es un municipio con abundantes, aunque también irregulares, cursos de agua como los arroyos Avellaneda, Alisillos y Casa del Monte. Linda con el embalse de Los Morales. Sube y baja por montes accesibles como el cerro Guisando (Navahondilla está a solo ocho kilómetros de los famosos toros), unido por un cordel al Alto del Mirlo. Añade rutas empinadas hacia otras elevaciones como cerro Pedriza, el Cabezuelas, Cabeza Caballo o La Cabeza.

Reparte estampas forestales de un clima más mediterráneo que atlántico, incluidos cerezos silvestres que sirvieron como plantas madre para otros hoy bastante más famosos, los del valle extremeño del Jerte. Los frutales comparten término con extensiones de dehesa (por aquí cruza la cañada real leonesa), robledos y castañares, prados tanto naturales como cercados y sotos en las riberas. Tantas especies caducifolias aseguran una vistosa variación estacional del colorido.

El casco urbano conserva rincones pintorescos de callejuelas y plazuelas con ejemplos de arquitectura tradicional, unos de sillajero o mampostería, otros encalados o de revoque blanco. Varios bloques de piedra natural se han integrado en el trazado de las calles o sirven de cimiento a algunas casas. La iglesia de Nuestra Señora, muy sencilla, guarda una pieza que no suele encabezar la lista patrimonial de los templos: una pila bautismal de 12 lados y decorada con bolas y conchas.

El colegio de BmasC. Pero la joya arquitectónica de Navahondilla no tiene siglos sino, como quien dice, cuatro días. Se terminó en 2010 y es una pieza de arquitectura experimental, al menos en el ámbito educativo, firmada por el estudio BmasC. De hecho no solo es un colegio público, también un mirador que se adapta a la pendiente de una ladera. Desde lejos más de uno la habrá confundido con una de esas modernísimas bodegas.