Navia

Navia

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Navia fluye como su ría. Desde los montes de León baja hasta su desembocadura, donde se riegan las fértiles vegas y se sitúa esta preciosa villa asturiana, capital de un concejo con una impresionante costa. La ría se abre al Cantábrico y acaricia los arenales de Navia y del Moro, cerca del cual se alza el Mirador del Monolito, punto idóneo para desafiar al mar junto al Monumento al Emigrante. Además, el gigante fluvial da paso a contendientes pequeños como el Frexulfeun pequeño río que se 'deshace' en un monumento natural del mismo nombre: la playa de Frexulfe, un arenal de marismas rodeada de naturaleza salvaje entre bosques de pinos y eucaliptos y fuertes olas que "llaman" a los surfistas en primavera. Pero Frexulfe no es el único río que gobierna una playa; Barayo se recompone en la suya propia también, una reserva natural de la biosfera donde dunas y acantilados recorren el arenal, escoltando en el ala oriental a los visitantes nudistas.

Investigado el litoral, un magnífico paseo que sube hacia la ría, donde el espíritu aventurero se instala junto a la hilera de autocaravanas, nos lleva hasta el casco histórico de la localidad. Aquí comienzan a subir las calles empedradas, los restos de la muralla medieval conocidos como Tras La Cerca, los jardines, las casas señoriales, palacios como el de Arias y el Pérez Casadoiro y las iglesias como la de Nuestra Señora de la Barca, que parecen sacadas de Versalles. El Ayuntamiento, de dos colores, junto a la plaza de Armas, es un excelente punto de partida para buscar el rincón más bello entre todas sus callejuelas asturianas, así como los sabores de la tierra y el mar entre los restaurantes de las inmediaciones. Sin embargo, la belleza de Navia está muy repartida. A pocos kilómetros se encuentra una de sus pedanías, donde brota como si fuera un manantial, Puerto de Vega. El pueblo más pintoresco del litoral cantábrico, ejemplo de arquitectura indiana con casas y palacios de ensueño al calor de una villa marinera. El perfecto ejemplo de la belleza asturiana que fluye junto a Navia.

En 1811, el ilustrado asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos falleció en Puerto de Vega, donde un busto de bronce recuerda al escritor y político a la entrada del campo de la Atalaya.

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