Ordes

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La cuenca del río Tambre, salpicada por multitud de regatos, convierte la llanura de Ordes (a medio camino entre A Coruña y Santiago) en una de las grandes productoras gallegas de grelos, la sabrosísima hoja del nabo. La visita al municipio bien puede empezar por el Paseo Ramiro Recouso, plácido eje urbano en torno al río Mercurín que conecta los viejos molinos de Silva y da Braña, ambos muy bien conservados. Quienes quieran poner las piernas aún más en forma pueden continuar por la Ruta del Mercurín, un estupendo sendero de 15 kilómetros para el que se precisa de cierta preparación.

Pero volvamos al cogollo municipal, porque ahí encontraremos dos propuestas francamente insólitas en tierras gallegas. Por un lado, el espacio DesOrdes Creativas, un festival de arte callejero al que contribuyen con sus pintadas artistas del grafiti llegados de toda Galicia, España y extranjero. Y por otro, el Museo del Traje Juanjo Linares, que desde 2010 honra la figura de este bailarín tradicional del municipio y en el que se exponen cerca de 300 trajes de todo el mundo, entre ellos algunos que lucieron Rocío Jurado, La Argentina, Antonio Gades o Katy Clavijo. No menos heterodoxo es el Museo Xoxardo, dedicado a la figura del dibujante expresionista y surrealista Leonardo Recouso Santos, otro de los hijos ilustres de Ordes.

Otra joya local no muy conocida es la antigua estación de ferrocarril de A Pontraga, en la parroquia de Parada, construida en 1943 para la línea férrea Zamora-A Coruña. Se trata de un edificio con encanto y en fase de rehabilitación para su conversión en centro sociocultural, y en cuyo entorno se conservan vestigios como un cambio de agujas o las ruedas de un vagón. La antigua Casa Consistorial, de 1944, se erige al pie de la alameda urbana. La sobria iglesia parroquial, de origen románico pero reformada en 1864, incluye una imagen de San Benito trasladada desde el Monasterio de Sobrado dos Monxes.

El Embalse de San Cosmade o Vilagudín, construido a principios de los ochenta, es un buen lugar para los amantes de las aves acuáticas, sobre todo en los meses de otoño e invierno. Allí se cuentan por miles las gaviotas, pero también los patos, cuervos marinos o los simpáticos somormujos.

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