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Ramales de la Victoria

Cuevas y arte rupestre

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Bajo la sombra del Pico de San Vicente y rodeada de macizos bañan sus tierras cuatro ríos. Es Ramales de la Victoria, que guarda en su término municipal una joya, sus cuevas, y un entorno natural paraíso para espeleólogos, escaladores y senderistas. Su principal atractivo turístico son las cuevas prehistóricas, con pinturas rupestres, entre las que destacan las de Covalanas (Patrimonio de la Humanidad) y Cullalvera, pero también merece la pena conocer este pequeño y encantador pueblo de Cantabria. En su casco, muy pintoresco, con parte de sus casas encaramadas en rocas que miran cómo serpentea el río Asón; mientras que otras 'asoman' sus balcones al frondoso valle, encontramos la iglesia de San Pedro, con un retablo Mayor de 1633 y el palacio de Revillagigedo, del siglo XVIII, construido por el virrey de Méjico Juan Francisco Güemes.

Del siglo XIX, cuando se produce la reactivación económica de Ramales, son ejemplos varias casonas de indianos de piedra y madera, con bonitos balcones acristalados, y de principios del XX el monumental ayuntamiento, en sus orígenes Juzgado. En la pedanía de Guardamino podremos ver la iglesia de Nuestra Señora, que conserva una talla gótica de la Virgen con el Niño. Aferrada a las tradiciones, Ramales ha tenido una larga tradición metalúrgica en las aguas de sus ríos, donde aún podemos ver antiguas ferrerías, como la del Salto del Oso, que mantuvieron su actividad entre los siglos XVIII y XX. Ya terminamos cogiendo el camino viejo del Haza, donde está un antiguo puente medieval, y otros tres, construidos entre los siglos XVIII y XX, en su origen de madera; pero no dejemos Ramales sin probar sus afamadas magdalenas y las típicas “cascadas del alto Asón”, unas pastitas rellenas de toffe.

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