Ricla

Entre cerezas, cocodrilos y un imponente mudéjar

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En el valle del río Jalón, entre viñedos y miles de árboles frutales, se ubica la localidad zaragozana de Ricla. Las calles de su casco urbano están repletas de rincones llenos de encanto y de edificios de interés, como la hermosa torre mudéjar de la Iglesia de la Asunción (siglos XV-XVI). Sus 55 metros de altura dominan todo el pueblo. Las sorpresas también surgen en el interior del templo, con importantes retablos de diferentes épocas y estilos y una talla de la virgen del siglo XV.

A pocos metros se encuentra el Ayuntamiento, que ocupa un palacete típico aragonés erigido en el siglo XVIII. En el paseo por el municipio se suceden varias casas-palacio, sobre todo en la calle de la Cruz, conventos y puntos pintorescos como el Arco de San Sebastián (siglo XV), por el que se accedía al antiguo recinto amurallado. De esta época medieval son los restos del castillo, en lo alto de un cerro.

Ya en las afueras, además de varios peirones devocionales con siglos de historia y un antiguo nevero, brotan del subsuelo y de las laderas bodegas subterráneas con sus típicas chimeneas-respiradero. Para conocer el entorno de Ricla lo mejor es recorrer a pie o en bicicleta de montaña los senderos que atraviesan el municipio y que nos acercarán a parajes casi mágicos como la Cueva de la Sima; a miradores naturales como el Pico Monegré, desde donde se divisa el Moncayo e incluso los Pirineos; a cerros y barrancos como Los Picarros, y a los frutales y acequias que surgen junto al cauce del Jalón. Antes de abandonar Ricla es muy recomendable probar dos de las delicias que nacen en sus huertas: las cerezas y los ajos tiernos. Tan deliciosos son que la localidad les dedica cada año una feria.

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