Salamanca

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Cuando la luz del sol decae, Salamanca se torna dorada por la tonalidad que irradian sus edificios gracias a la piedra de Villamayor que los engalana. Es entonces cuando sus calles parecen invitar al visitante para que se adentre en la ciudad. Llegamos a un enclave Patrimonio de la Humanidad. Simple y sencillamente. Designación universal para un casco histórico que actúa como escaparate de arte y cultura. Es Salamanca una ciudad acogedora y bulliciosa por momentos. La algarabía estudiantil se escucha desde hace siglos desde las puertas de la Universidad más antigua de España. Sus antiguos estudiantes descubrieron la famosa rana escondida en la fachada de la Casa de las Conchas y caminaron por la antigua ruta romana de la Vía de la Plata, deteniéndose a contemplar su hermosa ciudad desde el emblemático puente romano que salva el río Tormes. Como esos antiguos estudiantes, hoy quedaremos en la preciosa Plaza Mayor desde la que, saliendo por alguno de sus múltiples soportales, ya podremos observar los elevados pináculos que coronan la Catedral Nueva y la Catedral Vieja, ésta última con su característica Torre del Gallo y con el astronauta que nos afanaremos en descubir en su fachada. Entre gárgolas, pináculos y campanas, en lo más alto de la Catedral Nueva, podremos apreciar una panorámica espectacular de la ciudad. Tras quedar casi cegados por la belleza de ambas catedrales, será momento de darse un respiro en el romántico Huerto de Calixto y Melibea, desde cuyo jardín podremos vislumbrar la muralla, el río y volver a admirar las Catedrales. El rico patrimonio salmantino no se agota solo en magníficos edificios góticos y barrocos; el modernismo se hace hueco en la Casa Lis con sus preciosas vidrieras, en cuyo interior descubriremos un museo Art Dèco con una colección de muñecos y figuras centenarias. Palacios, iglesias, conventos y casas nobles nos saldrán al encuentro en cada calle, en cada rincón de una ciudad que nadie debería perderse.

La figura de Miguel de Unamuno tiene un vínculo indisociable con la ciudad de Salamanca. El intelectual bilbaíno fue el más famoso rector de la universidad salmantina. Unamuno murió en esta ciudad un 31 de diciembre de 1936. Dos meses antes, el escritor protagonizó en el paraninfo de la Universidad un célebre enfrentamiento dialéctico con el general Millán-Astray que concluyó con una de las más famosas y lapidarias frases de Unamuno: "Venceréis pero no convenceréis".

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