Santillana del Mar

Santillana del Mar

Información turística: 942818251

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El viajero habrá oído aquello de que Santillana del Mar ni es santa, ni es llana ni tiene mar. Lo cierto es que el origen del nombre resulta de la declinación de Santa Juliana, cuyas reliquias se encuentran en su coqueta colegiata, y que cuenta con salida al mar a través de su playa de Santa Justa, aunque queda alejada (a unos diez minutos en coche de la propia villa). Pasear por ella supone introducirse en un entorno medieval. Por las noches la traquilidad y la semipenumbra de las calles empedradas invitan al descanso; sin embargo, por las mañanas su casco antiguo nos llama para recorrer sus calles empedradas en dirección a la Plaza de las Arenas, donde nos recibe la colegiata de Santa Juliana, el edificio románico más grande de esta Comunidad y en torno al cual se empezó a desarrollar Santillana. Muy cerca, el Renacimiento mantiene su huella en el Palacio de Velarde. Tomando la arteria principal de la villa, se aterriza en la Plaza Mayor, rodeada de palacios y vistosas casas barrocas como la de los Valdivieso (hoy Hotel Altamira), los Villa y los Barrecha-Brancho (hoy Parador). También aquí abundan recuerdos medievales en las torres de Don Borja y del Merino, y los rincones para desayunar un par de sobaos con un vaso de leche fría y mezclarse con tanto turista nacional e internacional que bien parecería que se está en el casco histórico de una gran ciudad.

La villa cuenta con museos para saciar toda curiosidad (el diocesano Regina Coeli o el de la Tortura y la Inquisición), pero el viajero sabe dónde va cuando elige Santillana del Mar como destino: las cuevas de Altamira. El museo permite acceder a la Neocueva, una reproducción de este importantísimo yacimiento prehistórico (la cueva original tiene un régimen de visitas muy estricto, limitado a cinco personas seleccionadas de manera aleatoria a la semana), pero sigue dando cuenta de que hubo un tiempo en el que inmensos bisontes se movían por territorio cántabro. Santillana es hoy el resultado de la evolución del hombre a través de su rico patrimonio histórico y cultural.

En un paseo por Santillana del Mar, se pueden ver unas bolas colgando de muchos balcones. Son los claveles del aire, unas plantas que no necesitan ni tierra ni raíces para vivir porque se nutren a través de las hojas. Y apenas requieren cuidados, porque el clima húmedo y lluvioso de la villa les aporta todo lo que necesitan.

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